Parashá

Jukat

Números 19:1 - 22:1
Por : Familia Delgadillo Zapata

 

“Si Papá lo dice… ¡hay que hacerlo!”

“Dichosos los que guardan sus estatutos y de todo corazón lo buscan.” [Salmo 119:2]

La parashat Jukat [Números 19:1 – 22:1] que significa “Estatuto”, es una parashá que está llena de mensajes con una comprensión espiritual inmensa que, sin la dirección divina, son casi incompresibles para la razón humana.

Al principio de la parashá se encuentra la purificación a través de la vaca rojiza, donde amorosamente nuestro Abba (Padre) brinda los detalles para que el cumplimiento de este estatuto sea exitoso y así cumpla con su propósito. Luego se nos narra el fallecimiento de Myriam lo que conllevo a una escasez de agua para el pueblo. También aquí el pueblo se queja una vez más, y es donde se presenta la escena que trajo como consecuencia la prohibición de la entrada a la tierra prometida para Moshé(Moisés). HaShem le indica a Moshé hablarle a la roca, pero en su lugar Moshé  la golpea dos veces y por su falta de confianza en el Creador le es negada la entrada a la tierra prometida. Aharón muere, el pueblo enfrenta Amalek, el pueblo recibe un ataque de serpientes como consecuencia de sus quejas, y la parashá finaliza con la guerra contra Sijón.

Como ya mencionamos, el nombre de esta parashá traduce “estatuto”, basándonos en un nivel P´Shat, es decir en el sentido literal del texto, encontramos que estatuto es: “Aquel conjunto de leyes que se redactan y hacen públicas en una sociedad para ser respetadas y tomadas en cuenta por todos los ciudadanos de la región a la que se haga referencia. Sin embargo, yendo a mayores especificidades, podemos decir que el estatuto es una forma menor de leyes ya que por lo general se redacta en el marco de una región, ciudad o área específica, así como también puede ser el conjunto de leyes que rigen a una institución o entidad de manera particular.”1

Los estatutos son una categoría de las tres que conforman todos los mandamientos (Edot: Testimonios, Jukim: Decretos, Mishpatim: Disposiciones de sentido común)²  siendo los estatutos los de mayor dificultad para cumplir dado que generalmente estos trascienden el entendimiento humano y el sentido común, por lo que tontamente podemos encontrar esta excusa lógica para incumplirlos pero deberíamos tener en cuenta que es PAPÁ quien lo dice… debemos hacerlo, y aunque se escape de nuestra comprensión es nuestro deber obedecer ya que, es la manera más hermosa de manifestar nuestro amor y fidelidad hacia Él. Está escrito:

Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra!” [Isaías 55:9]  

Tal vez no hallemos una explicación racional en especial a este estatuto de la vaca rojiza, o a la razón por la que HaShem le indicó a Moshé de hablarle a la roca y no de golpearla como ya había sucedido en otra ocasión, pero esto es lo hermoso de nuestro Creador, su magnificencia y grandeza manifestada en diferentes formas y es Él y solo Él, el único que puede devolver la pureza a lo impurificado, y hacer brotar agua de una roca.

Nuestro camino sencillamente se resume en obedecer, observar, practicar y caminar solo por amor, no para sacar provecho al hacerlo, eso en sí será la consecuencia, más NO debe ser el fin. Por eso es nuestra obligación enseñar a nuestros hijos a amar al Señor nuestro Di-s con toda su mente y con toda su alma, para que estas palabras nunca se aparten de ellos y así las obedezcan por amor y sean fieles al Creador del universo todos los días de su vida.

 

Es simple, nuestra oración es que amemos a nuestro Abba Kadosh (Padre Santo) con tal intensidad, por encima de todas las cosas y con todas las fuerzas de tal manera que nuestro sentir siempre sea sin duda alguna: “Si Papá lo dice…  ¡hay que hacerlo!” y que se diga de nosotros: “Dichosos los que guardan sus estatutos y de todo corazón lo buscan.” [Salmo 119:2]

Que así sea su voluntad para nuestras vidas, ¡Amen!

Shavua Tov!!!

Referencias:

1.https://www.definicionabc.com/economia/servidor-publico.php

2.Torat Emet, Un mensaje de vida – R. Sigal.