Parasha de la semana

Haazinu

Deuteronomio 32:1 - 52
Por : Natalia Lara

 

Cantando ando, para no andar olvidando

¿Por qué escogió Moshé una canción para que fuera su último discurso al pueblo de Israel?

El ser humano está diseñado para ser musical. Todo en su funcionamiento sigue un ritmo: el latido cardíaco, los movimientos intestinales, la respiración y la secreción de hormonas. Incluso, dentro del mismo cuerpo existen “directores de orquesta” -como el tálamo y las hormonas tiroideas. No es entonces extraño que, en la vida dentro del útero, los primeros estímulos que se perciben son los sonoros, a través de vibraciones transmitidas por el líquido amniótico, y aunque el embrión no puede estrictamente escucharlas, sí logra percibirlas a través de la piel. Entre la semana 16 y 20, el feto escucha claramente los sonidos del cuerpo de su mamá: latidos cardíacos, ruidos respiratorios y sonidos intestinales; los cuales literalmente se vuelven “música para sus oídos” (1).

Pero no solo somos musicales por dentro, sino también de adentro hacia afuera. La capacidad para percibir el ritmo es una característica exclusivamente humana, y también innata en nuestra especie; ya desde el nacimiento los bebes son capaces de detectar el ritmo regular de un sonido, aprendizaje que viene entrenado desde el latido rítmico del corazón de la madre.  El hecho de “movernos al ritmo de la música” es tan fuerte, que el cerebro reconoce patrones musicales incluso sin que se éste prestando atención a una canción y solo se trate de música de fondo (2).

Lo que conocemos como “música” es el resultado de la interpretación que hace nuestro cerebro, de los cambios en la presión atmosférica producidas por un cuerpo en movimiento, ya sean las cuerdas de un instrumento, la vibración de un tambor o el paso del aire por una trompeta o por las cuerdas vocales. Estos cambios de presión se conocen como ondas acústicas y transportan energía con ciertas amplitudes, ritmos y frecuencias de variación que nuestro sistema auditivo detecta a través del tímpano, el cual replica esas características y se las comunica mediante impulsos eléctricos al cerebro donde finalmente serán interpretados como música (1). Algunas de estas características del sonido como el ritmo o la melodía parecen estar más fuertemente relacionadas con el movimiento corporal (2).

En este contexto no es de extrañar que Moshé, escogiera justamente una canción para dar su discurso final al pueblo de Israel, en el último día de su vida. Ese discurso se expone en la parashá de ésta semana הַאֲזִינוּ‬ Haazinu [Oigan, Dt 32:1-32:52] El versículo justamente anterior al inicio de ésta parashá dice que “Entonces habló Moisés en oídos de toda la congregación de Israel las palabras de esta canción hasta acabarla” [Dt 31:30]La palabra para canción en este versículo es שִׁיר shiyr (S. 7892: cántico, canción, música, canto).  Aparece 44 veces en los salmos, pero también está presente en momentos claves de la historia de Israel: el paso del mar rojo [Ex15:1] el pozo de agua que les regalo Hashem [Nm 21:17] la derrota de Sísara en tiempos de Débora [Jue 5:12] el traslado del arca a casa de Obed Edom en tiempos del Rey David [1 Cr 13:8] y luego a Jerusalén [1 Cr 15:16, 16:42], la dedicación del primer templo [2 Cr 5:137:6]la restitución del reinado a Joás descendiente de David [2 Cr 23:13, 18], el reinicio del servicio en tiempos del Rey Ezequías [2 Cr 29:27, 28], la restauración del templo en tiempos del Rey Josías [2 Cr 34:12]y la dedicación de la muralla de Jerusalén reconstruida en tiempos de Nehemías [Ne 12:27, 36, 46].

El hacer música para Hashem, y su uso en la alabanza y la adoración nada tiene que ver con la habilidad para tocar un instrumento o el cantar afinado. De hecho, la experiencia o el talento no fueron determinantes cuando el Rey David asigno los cantores del tabernáculo: “Para asignarles sus turnos se echaron suertes, sin hacer distinción entre menores y mayores, ni entre maestros y discípulos” [1 Cr 25:8] Seguramente el Rey David, lo hizo así porque era consciente que cantar para el Eterno es un problema de la actitud del corazón, sin que esto signifique que no debe hacerse de la mejor manera y con destreza “Alégrense los justos, en Hashem; en los rectos bella es la alabanza… canten para él una canción nueva, toquen bonito con teruá” [Sl 33:1,3]

En esta canción en particular, el Eterno a través de Moshé busca recordarles eso a su pueblo, el problema de la actitud del corazón: Pone a los cielos y la tierra como testigos para comparar las cualidades y las bondades del Eterno a favor de Israel y la actitud perversa del pueblo en contra de él. Recuerda los atributos de Hashem, que Él es grande, perfecto, fiel, recto y justo; pero que además es su Padre, su Creador, el Di-s que les dio vida, su roca y su salvador. Los exhorta a recordar los tiempos antiguos: como Di-s escogió a Israel como pueblo, lo rescato de la esclavitud, lo cuidó, lo alimentó y lo guió por el desierto. Y por otro lado presenta la actitud del pueblo de Israel, al actuar de manera corrupta, torcida y perversa, pues no solo decide abandonar a Di-s sino que se extravía en idolatría.  

Como consecuencia de ello, advierte del rechazo del Eterno a su pueblo y de cómo Él traerá calamidades sobre ellos a consecuencia de su pecado, pero decide no destruirlos completamente pues el adversario podría atribuirse el triunfo. Así que promete defender a su pueblo cuando lo vea sin fuerzas, para recordarles que es Hashem y no otros dioses, quien les salva [Dt 32:1-43]

Este canto contiene también la promesa para los que antes no éramos pueblo de que por su misericordia seremos injertados en el olivo natural, pues dice “Me provocaron a celos con lo que no es Dios como yo, y me enojaron con sus ídolos inútiles. Pues yo haré que ustedes sientan envidia de los que no son pueblo; voy a irritarlos con una nación insensata” [Dt 32:21]

Al final Moshé les da la clave para evitar extraviarse: “Mediten bien en todo lo que les he declarado…y díganles a sus hijos que obedezcan fielmente todas las palabras de esta ley. Porque …de ellas depende su vida” [Dt 32:46-47]. Y está es la clave para un corazón que busca del Eterno, y que busca adorarlo “en espíritu y verdad” como nos enseña Yeshúa [Jn 4:24]: Meditar en la palabra del Eterno, alimentarse constantemente de ella, para que sea la torá purificando cada día nuestra vida: “Si se enojan no pequen, en la quietud del descanso nocturno examínense el corazón”. Todos estamos expuestos a fallar, pero lo que debe hacer la diferencia en nosotros como hijos del Eterno es la actitud del corazón ante nuestra falla y como por medio de Yeshua logramos hacer teshuva para lograr cantar un canto que sea agradable a Hashem: “Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren” [Jn 4:23].

¡Shavua tov!

Dedicado a mi esposo, quien me enseñó el verdadero valor de cantar a Adonai.

 

Referencias

1. Jordi A. Jauset. Percepción musical durante la etapa prenatal Salud Natural 26 febrero, 2015. En: http://jordijauset.es/wp-content/uploads/2015/02/Percepci%C3%B3n-musical-durante-la-etapa-prenatal-Revista-Natural.pdf

2. Rolf Inge Godøy, Minho Song, Kristian Nymoen, Mari Romarheim Haugen, Alexander Refsum Jensenius. Exploring Sound-Motion Similarity in Musical Experience. Journal of New Music Research (2016). DOI: 10.1080/09298215.2016.1184689