Parasha de la semana

Haazinu

Deuteronomio 32:1 - 52
Por : Natalia Lara

 
El inventario para las fiestas

¿Quién dijo que un examen de conciencia es una lista de pecados? Acaso ¿seremos más santos haciendo un inventario de falencias?

Se acerca la época de las altas fiestas -Iom terúa, Iom Kipur y Sukot- y en el ambiente se percibe un llamado continuo a la reflexión y a hacer teshuvá (arrepentimiento) para recibirlas como es debido. De hecho, los diez días desde Iom teruá hasta Iom kipur se conocen como los días de arrepentimiento: en este tiempo se busca que hagamos un examen de conciencia y nos tornemos cada vez mejores, más santos y nuestros pensamientos estén más cercanos al Eterno.

Pero ¿De qué se trata ese examen de conciencia? Acaso ¿Hacer un inventario de nuestros pecados y recuerdos impíos nos hará más santos?…  Iniciemos aclarando que es correcto -y necesario- reconocer y confesar las transgresiones que hemos cometido en contra  del Eterno y su Torá: “El que encubre sus pecados, no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” [Pv 28:13]. Pero, un examen real de conciencia va más allá de una confesión, se trata de reconocer la importancia del otro dentro de la relación -en este caso Hashem- para así poder dimensionar el tamaño de la falta que estamos cometiendo nosotros.

La parashá de esta semana Haazinu -oigan- [Dt 32:1-52] nos muestra un buen ejemplo de lo que se trata este examen. El canto que Moshé enseña al pueblo en esta parashá, inicia destacando los atributos del Eterno, su grandeza, perfección y justicia [Dt 32:3-4], y lo que Él hizo por Israel, el haberlos creado, cuidado, liberado y alimentado [Dt 32:6, 8-14]. Y es, luego de esa reflexión, que Moshé advierte el pecado del pueblo al apartarse del Eterno [Dt 32:15-18] y caer en idolatría [Dt 32:16-17].

Si tan solo dedicamos un instante a pensar cuántas cosas hace el Eterno por nosotros, cuán grande es Él y cuánto nos ha dado, nuestro examen de conciencia tendrá más sentido… ¿Cómo puedo yo fallarle cuando Él ha hecho tanto por mí? ¿Cómo pude apartarme cuando Él me ha buscado tantas veces? ¿Cómo he pecado en su contra cuando Él entregó la vida de su hijo -Yeshúa- por mí?

Examinar nuestra vida a la luz del Eterno y no de nuestros pecados, nos da una perspectiva más objetiva de la posición en la que estamos y del tamaño de las faltas que hemos cometido. Pero también, nos mueve a cambiar motivados por retribuir de alguna manera toda la misericordia que hemos recibido, tal como dijo Yeshua: “Te digo que sus pecados —que son muchos— han sido perdonados, por eso me demostró tanto amor” [Lc 7:47].

Recitar el shema cada día, al despertar y antes de dormir, en casa y en el camino [Dt 6:7], repetirlo tantas veces, crea una huella indeleble sobre nuestro corazón [Dt 6:6] que nos recuerda la grandeza del Eterno para que sea ese recuerdo y esa relación la que nos aparte del pecado. Debe ser por amor y no solo por la conveniencia de las bendiciones o de no ir al infierno que debemos elegir no pecar, la vida sobre la muerte, la bendición sobre la maldición. Por eso Yeshua dijo:  “Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” [Jn 15:10].

Pensar en el amor de Hashem hacia nosotros, en el sacrificio de Yeshua por nuestro pecado y en cuánto le defraudamos sino cambiamos, debe ser nuestro principal motor para apartarnos del pecado y hacer una verdadera Teshuvá.

Shavua tov!