Parasha de la semana

Matot-Masei

Números 30:1 - 32:42
Por : Patricia Gil García

 Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente “sí”

Cuando una mujer casada haga un voto, o bajo juramento se comprometa en algo,  si su esposo se entera, pero se queda callado y no lo desaprueba, entonces ella estará obligada a cumplir todos sus votos y promesas.  Pero, si su esposo se entera y los anula, entonces ninguno de los votos o promesas que haya hecho le serán obligatorios, pues su esposo los anuló. El Señor la absolverá. [Números 30 10-12]

En la parashá (Porción de la Escritura) Matot “tribus” Moshé (Moisés) habla con los jefes de las tribus de Israel para transmitirles un mensaje ordenado directamente por HaShem (el Nombre), y les comparte una serie de normas acerca de las promesas formuladas por una mujer en diferentes escenarios y cómo pueden ser anuladas o cómo pueden tener vía libre.

Para una persona que lea este texto desprevenidamente le puede sonar lo más inconcebible, machista y retrogrado, pero resulta que es todo lo contrario. Es una ordenanza dada por el mismo Eterno para proteger a la mujer que tomó una decisión sin tener en cuenta la “cobertura u opinión” de su padre, prometido o esposo.

En nuestra comunidad cuando realizamos una ceremonia de matrimonio “bajo la Jupá o palio nupcial” la novia declara las palabras que Rut le dijo a Noemí:

Porque iré adonde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras, y allí seré sepultada. ¡Que me castigue el Señor con toda severidad si me separa de ti algo que no sea la muerte!

Qué declaración tan intensa y llena de responsabilidad!! (hoy me dirijo especialmente a las mujeres casadas). Cuando nosotras por nuestra voluntad hemos aceptado, aprobado, o auto-impuesto, una prohibición o un voto y si somos comprometidas o casadas, nuestro esposo tiene la autoridad total para anular ese voto; pero por qué dirán muchas de ustedes, acaso no tenemos autonomía, poder de decisión, que pasó con la libertad y el libre pensamiento? En otras palabras acaso no tenemos libre albedrío?

Cuando le damos el sí a nuestro esposo [Mateo 5:37], estamos aceptando intrínsecamente una serie de beneficios y obligaciones de las que tal vez muchas no somos conscientes, no hay pleno conocimiento de lo que implica un verdadero sí.

Como lo estudiamos en una pasada reunión de parejas, para entrar en el pacto del matrimonio debemos ser sumisos, primero al Eterno y luego a nuestro esposo, debemos morir a nuestros propios deseos y nacer de nuevo para darlo todo.

Los dejo con un video sobre este interesante tema, no sin antes insistir a nuestras queridas damas que no debemos olvidarnos que aceptamos una autoridad sobre nosotras al casarnos y que es nuestro deber respetar no sólo con  las palabras sino con nuestros actos, honrar, admirar, dar nuestro mayor favor y consideración, tratar con decoro y honor, dignidad, estimación, cortesía, atención, recato y prudencia a nuestro amado esposo ya que es “yugo” que hemos aceptado voluntaria y libremente.