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Por : Patricia Caro Agudelo

Recuerdo las visitas a la casa de mi abuela, una mujer de manos fuertes, sentada en una banca al lado de un fogón de leña, a eso de las 11:30 pm, contando historias de viejos, haciendo arepas para sus once hijos, sus esposas o esposos y sus nietos.

Ella viene a mi memoria … porque yo sólo tengo dos hijas y no podría cortar leña, prender un fogón, moler maíz, amasar, hacer arepas a la medianoche y tener, además, la lucidez para contar historias. Siento que esto es muy meritorio, aunque reconozco que actualmente, construir una familia continúa siendo toda una hazaña.

Actualmente como padres, tenemos retos morales y espirituales más grandes, debido a las presiones sociales que nuestros hijos enfrentan, y el problema, es que quizás nos hemos vuelto perezosos para cumplir esa función.

Durante los años en los que visitamos a la abuela, nunca volvíamos con las manos vacías; ella, con amor y dulzura, después de las arepas, dejaba listo el mute, dormía un poco y antes del canto del gallo, se levantaba a preparar las gallinas para darnos a todos, junto con una buena porción de yuca, frijol, naranjas, envueltos y amasijos, toda esta provisión como parte del equipaje de regreso.

 Cuando se es niña no te das cuenta de esas cosas, pero ahora que soy madre reflexiono y me pregunto, ¿cómo era que ella hacía tantas cosas?

Aunque muchas cosas de la vida cotidiana, hoy son un poco más fáciles; educar a nuestros hijos se ha vuelto más difícil, debido a que estamos en una sociedad alejada de Di-s. Los padres ya no queremos arreglar gallinas, hacer envueltos y arepas, y llenar el equipaje de nuestros hijos para su viaje de partida. 

Las ocupaciones diarias como el trabajo, pagar cuentas, arreglar la casa, ir a la congregación, ayudar con las tareas… ocupan nuestro tiempo, pero la verdad es que esas cosas no llenan nada. En mi rol de madre, y recién empiezo, sé lo agotador que es atender una familia y la responsabilidad de esforzarme con mi esposo para guiar, educar, formar a mis hijas. Eso solo se logra dedicando tiempo de calidad, así como la abuela para sus amasijos.

En Efesios 5:16 está escrito, “aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos”; todo el capítulo 5 habla de aprovechar el tiempo en un contexto de crecimiento espiritual y de nuestras relaciones personales y familiares.

No podemos continuar delegando la crianza de nuestros hijos al colegio, a la congregación y a los abuelos; esta responsabilidad la debemos asumir directamente, aunque implique, como en el caso de mi abuela, esfuerzo, trasnocho y cansancio. 

Lo invito a que dedique más tiempo a su hijo para enseñarle Torá, para orar con él, para saber qué hace, con quién sale, qué piensa; involúcrelo en sus pasatiempos, enséñele a cocinar, aproveche bien el tiempo, sus hijos lo agradecerán.





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