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Alabanza


Por : Andrea Pardo

Hallándote en medio de alabanzas…

¡Ahí viene Jaime! Lo veo subir las escaleras. Estas eran las palabras de Viviana Valbuena, mi prima -quien lideraba la Célula-. Todos los miércoles, se asomaba por la ventana, minutos antes de comenzar la reunión que realizábamos en la sala de mi casa.

¿Qué le causaba tal preocupación?

Es difícil explicarlo. Jaime era una persona aplomada y entusiasta, pero tenía la particularidad de dejarnos fuera de línea con sus preguntas. Expresaba inquietudes que nos ponían a temblar, debido a su complejidad y muchas veces no teníamos la respuesta. Él quería conocer más del Señor y de sus caminos, además de obtener respuestas a diversos temas. Gracias a todo esto el grupo se fue fortaleciendo y recibíamos el apoyo de amigos que, mediante sus voces e instrumentos hacían más amena la reunión.

En cada reunión participaban Jaime, mi madre, mis hermanos, Melwin (guitarra) y Steven (congas), Edison, Julián Villamil (batería), Liliana Claros (coro), Julio Calderón "el hazán" quien conmovía el corazón de todos con su armónica, y hasta mi perro Lucas, que cuando oía a Viviana mencionar una cita en el evangelio de Lucas, ladraba como si lo llamara a él.

Cierto día, después de que Raúl Rubio (ahora nuestro pastor), había tomado la decisión de salir de la iglesia donde se congregaba, en charla de amigos, lo animamos a formar una congregación. En tono jocoso le dijimos que por lo menos ya tenía el grupo de alabanza. Tiempo después, junto con un grupo de familias y amigos, apoyamos la creación de lo que hoy día es nuestra Comunidad Yovel.

¿Qué fue lo más lindo de esta experiencia?

Pues a través de esa reunión, Jaime -en ese entonces, mi novio- llegó verdaderamente a los pies del Señor, siendo ese hombre maravilloso con quien más tarde me casaría y compartiría mi vida. 

A partir de ese puñado de personas, comenzamos el grupo de alabanza de la comunidad Yovel, conformado por hermanos, amigos y primos.

Hoy en día, es una anécdota que recordamos en familia. Para mí, es un orgullo compartirles que desde mi humilde hogar, se gestó la semilla de esta comunidad. Yo no imaginaba por aquel entonces, que haría parte del grupo de levitas y que levantaría cánticos y olor grato para el Eterno. Él nos escogió como ovejas de su prado. Como dice su palabra en Isaías 66: 21-22 “Y también tomaré algunos de ellos para sacerdotes y para levitas -dice el SEÑOR-. Porque como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecerán delante de mí -declara el SEÑOR-, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre”.

Esta hermosa experiencia que supera los 15 años, desde el momento en que empezamos a reunirnos, es de las cosas, que definitivamente gracias al Eterno, ha cambiado nuestras vidas…





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