Parashá

Vayishlaj

Génesis 32:3 - 36:43
Por : Sebastian Molina


¿Cómo te llamas? 

El nombre no es un nombre por sí solo. Es más que eso, es una esencia. (Anónimo)

El nombre es para algunos colombianos la forma de identificar o diferenciar una persona del resto de individuos. Para otros, la oportunidad de rendir tributo a un cantante, futbolista, artista (actores), o simplemente para rendir honores a un presidente o miembro de la alta alcurnia farandulera.

Nimington Automan, Deyler Millonarios, James, Ronhaldo, entre otros se han convertido en los nombres más curiosos en nuestra sociedad. En cuanto a los que no gozan de curiosidad simplemente hacen parte de la tradición o del común social.

Para muchas culturas, en especial la hebrea, el nombre es mucho más que una forma bonita, curiosa o novedosa  de llamar a una persona. Va más allá de la moda o del boom del momento. El nombre representa la esencia de la persona.

La palabra esencia viene del latín essentia. La cual, proviene a su vez del infinitivo del verbo latino esse ‘ser’ (= existir), cuyo participio es el ente como ‘ser que existe’. Desde la creación del ser humano, el nombre hace parte fundamental de su existir y resalta la característica intrínseca especial del mismo.

He tenido la oportunidad de dar charlas vocacionales a miles de jóvenes que buscan ingresar a la educación superior, y una de las preguntas que casi siempre les hago es, ¿Cómo te llamas?. La mayoría me responden como esta sociedad los identifica, o simplemente como aparecen en su documento de identidad. Cuando lo hacen, insisto en la pregunta, ¿Cómo te llamas? y casi siempre me miran con extrañeza al no comprender en un principio a lo que me refiero y lo que quiero conseguir. Los que responden a mi insistencia por lo general me dicen: “No entiendo”. Por lo cual trato de bajar la pregunta a un nivel más entendible: les digo “¿Cuál es tu esencia?”. Es allí cuando realmente los jóvenes se sienten muy confrontados, o peor aún, perdidos.

Es bien sabido que el hombre fue creado en forma dual, una parte física y una espiritual. Cuando el hombre fue creado El Eterno no le puso nombre, ¿Por qué razón?. Porque su esencia hablaba por sí sola; él se llamaba “tierra”. Eso implica que solo somos esencia física, ¿Dónde queda la parte espiritual (RUAJ), su otra esencia?, ¿Acaso debe prevalecer la carne? Por supuesto que no. No obstante la esencia física del hombre es el punto de partida para trascender a la espiritual. La forma sencilla de entenderlo es cuando el hombre pecó. El Eterno, bendito sea, le pregunto posterior al hecho: ¿Dónde estás?. ¿Acaso Él que todo lo sabe no sabía en qué lugar físico se encontraba Adam?

Sin lugar a duda le estaba preguntando por su esencia, no por la física, ya que su carnalidad se había manifestado. Le preguntaba por su esencia más importante, la espiritual. En ese orden de ideas  ¿por qué El Eterno no le puso un nombre espiritual, dejando así la esencia física en un segundo plano? estamos hablando de Adam, el hombre más cercano a la pureza espiritual! Creo que esto tiene un mensaje claro, debemos partir de nuestra carnalidad para buscar nuestra esencia verdadera y crecer en lo espiritual.

Ahora, conocemos las historia de Yakov. Un siervo del Señor cuyo nombre era “Usurpador” o “Engañador”! ¿Por qué Yitzhak y Ribka no le colocaron “El Justo” o  de una vez “Israel”?,  Así se hubieran evitado un gran dolor de cabeza. Yakov era un hombre que confiaba en su fortaleza y en sus trucos para salirse con la suya, esa era su esencia física y estaba impregnada en su nombre. Pero llegaría el momento en que estando “cara a cara” con el Señor se daría cuenta que está esencia no lo conduciría a nada bueno, y entendió que ya era suficiente de ser un “usurpador”. Fue entonces  que El Señor le preguntó ¿cómo te llamas? Él en un profundo arrepentimiento le dijo lo que hasta ese momento había sido su esencia, un engañador. Esa pregunta así no parezca fue la misma que recibió Adam (¿Dónde estás?). Algo así como ¿dónde estás respecto a la esencia espiritual que el Señor puso en ti? Yakov se arrepintió, y fue el Eterno quien “cambió” su esencia (ahora no te llamarás Yakov, te llamarás Israel).

La diferencia entre Adam y Yakov es que cuando al  primero se le preguntó dónde estás o cómo te llamas, él no respondió con arrepentimiento sino que le asignó la culpa a su mujer. Yakov sí reconoció su pecado y por eso El Eterno sacó a la luz su verdadera esencia, la espiritual. Aquella que traería bendición al mundo.

En la Brit Hadashá vemos cómo Yeshúa le cambia el nombre a sus talmidim. Esto implica que el reinado y la sujeción del Mashiaj parte del arrepentimiento. Existe un caso especial que nos relata la carta de Mateo y es sobre el caso del hombre endemoniado o poseído. Cuando Yeshúa se le acercó lo primero que le preguntó fue ¿Cómo te llamas? a lo que esté le respondió “Legion, pues muchos”. Inmediatamente estos demonios pidieron salir del cuerpo e irse a los cerdos. De ahí en adelante la verdadera esencia de aquel hombre salió a flote e iba de un lugar a otro diciéndole al pueblo lo que Yeshúa había realizado en su vida.

Día a día debemos hacernos esa pregunta ¿Cuál es mi nombre? O ¿Dónde estoy? Es allí donde podremos identificar nuestro verdadero propósito o esencia ante El Señor para poder andar y crecer en sus caminos.

Shavua Tov!