Parashá

Vayejí

Génesis 47:28 - 50:26
Por : Familia Delgadillo Zapata

 

¡LA MEJOR BENDICIÓN!

Los hijos son un regalo del Señor; los frutos del vientre son nuestra recompensa.” (Salmo 127:3)

La parashá Vaiejí es la última porción que encontramos en el libro de BERESHIT, y es en donde se nos narra la muerte de Yacob a sus 147 años, al cual antes de morir El Señor le concede bendecir a cada uno de sus hijos, empezando con los hijos de Iosef (Efraim y Menashe) y luego a cada uno de sus otros hijos.  En esta parashá se nos narra que el duelo por la muerte de Yacob duro 70 días, que fue sepultado en la cueva de Macpelá junto a sus ancestros, y el relato finaliza con el perdón que les concede Yosef a sus hermanos y clausura con su muerte.

Esta escrito: “Bendijo a Iosef diciendo: (El versículo dice que Iaacov bendijo a Iosef, cuando en verdad bendijo a sus dos hijos. Pues la mayor bendición que un padre puede recibir es que sus hijos sigan en su misma senda y sean hombres de bien. De modo que la bendición de Iaacov a los dos hijos de Iosef es la mejor bendición que Iosef pudo haber recibido): “¡El Elohim ante Quien caminaron mis padres Abraham e Itzjak, el Elohim que me guía desde que existo hasta el día de hoy, el ángel que me rescató de todo mal bendiga a los muchachos, y mi nombre y el nombre de mis padres, Abraham e Itzjak, sea invocado en ellos (o sea, que sean fieles servidores de Hashem como sus antepasados y así sean dignos descendientes de ellos) y que proliferen como peces en la tierra”.(Génesis 48:15-16, Tora Emet)

En estos dos versículos podemos encontrar la más hermosa y grande bendición que todos aquellos que somos padres temerosos del D-os de Abraham, Itzjak y Yacob podemos alcanzar y es la de ver a nuestra descendencia prosperando en todos los caminos para vida y para bien.

Esta corta pero sustanciosa enseñanza que nos dan los patriarcas en esta porción es la que deseamos resaltar en esta reflexión, y es la de recordar la gran responsabilidad que como padres tenemos ante el creador, NO solo de brindarles a nuestros hijos una vida digna, estudio, alimentación, vestuario, recreación, etc, porque en ultimas, ninguna de estas cosas es importante, estas, tan solo, son cosas banales que también aun los no temerosos del Señor hacen.  Nuestra labor es la de enseñar a nuestros hijos el amor y el temor del Señor, sus caminos, preceptos y normas, y ser testimonio para ellos en cada una de las facetas de nuestras cortas vidas.

Así como Iosef logro alcanzar méritos debido a su firmeza y fidelidad durante toda su vida en Egipto, a pesar de las dificultades y pruebas que tuvo que pasar, se hizo acreedor de méritos que alcanzaron inclusive a sus hijos de tal manera que aún en nuestro tiempo, en cada hogar al abrir Shabat todos los viernes al atardecer, son mencionados en la bendición que todo padre eleva por sus hijos varones:

” Que El Eterno te haga como Efraim y Menashé. Que El Eterno te bendiga y te preserve; que El Eterno ilumine su rostro hacia ti y te otorgue gracia; que El Eterno eleve su rostro hacia ti y ponga paz en ti. Y pondrán mi nombre sobre el pueblo de Israel y yo los bendeciré”.

Que El Elohim de Abraham, Itzjak y Yacob nos otorgue la sabiduría, la entereza de carácter, la valentía y el amor suficientes para hacer los méritos más que necesarios y así seamos merecedores de ver a nuestra descendencia en bendición completa con abundante paz y amor por los siglos de los siglos; pues está escrito: “Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones.” (Éxodo 20:6)

¡Que así sea su voluntad! ¡Amen!

 

¡Shavua Tov!

Referencias

  • Torat Emet
  • Biblia Versión NVI