Parashá

Vayeilej

Deuteronomio 31:1 - 30
Por : Familia Delgadillo Zapata

No seamos gallinas

“No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno”. [Mateo 10:28]

En la parashá Vayelej, en donde Moshé le está transfiriendo la autoridad sobre el pueblo a su pupilo, aparece en tres (3) ocasiones: “se valiente”, pero ¿por qué? Acaso no estamos hablando de Yehoshua, el aguerrido hombre que era el segundo al mando del ejército que comandaba Moshé?. La Biblia presenta humanos dotados de un valor extraordinario, que derriban gigantes, que fueron a guerras épicas en las que el enemigo los superaba por amplio margen (por ejemplo, en la rebelión de los Macabeos la proporción fue de 10 a 1), y uno se trata de imaginar la valentía que debían tener todos esos hombres y mujeres para pararse enfrente a cosas o personas físicamente más grandes a pelear…¿se imaginan?. El problema no es que nosotros, los reyes y reinas herederos de las bendiciones de HaShem, tengamos miedo, lo reprochable es a qué o a quién le estamos teniendo miedo.

Es normal sentir miedo, de hecho, está con nosotros desde el primer hombre: Adán tuvo miedo y se escondió cuando Adonai (El Señor) nuestro Elohim (Dios) recorría el Eden [Genesis 3:10]. Luego si HaShem nos dotó con ese sentimiento la pregunta no es si deberíamos sentirlo, la pregunta sería ¿a qué deberíamos tenerle miedo?

Nos guste o no, HaShem continuamente nos va a enfrentar a circunstancias desafiantes para al menos dos cosas: para evaluar la robustez de nuestra fe “Hombres de poca fe les contestó—, ¿por qué tienen tanto miedo? Entonces se levantó y reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo” [Mateo 8:26] y de paso enseñarnos algo nuevo para llevarnos a un siguiente nivel espiritual y nuestro Padre nos generará la prueba una y otra vez – a manera de tikún – hasta que pasemos el examen “No tengan miedo les respondió Moisés—. Dios ha venido a ponerlos a prueba, para que sientan temor de él y no pequen.” [Exodo 20:20].

Ya sabiendo que continuamente vamos a tener pruebas por nuestro propio bien, la siguiente pregunta sería: ¿Cómo deberíamos enfrentarlas?:

El primer consejo nos lo regala el rey David cuando los filisteos lo apresaron en Gat y es que ante la prueba confiemos en HaShem: “Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?” [Salmos 56:3-4].

El segundo consejo es el mismo que un Angel le dio a Daniel y es que le pidamos a HaShem no sin antes humillarnos ante Él y procurar entender la situación: “Entonces me dijo: “No tengas miedo, Daniel. Tu petición fue escuchada desde el primer día en que te propusiste ganar entendimiento y humillarte ante tu Dios. En respuesta a ella estoy aquí.” [Daniel 10:12].

El tercer consejo, que más bien es una orden, es el que HaShem le impartió a Yehoshúa (Josué) y es que asumamos las pruebas con gallardía porque Él está con nosotros: “Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.” [Josué 1:9].

El cuarto consejo es que una vez estemos batallando nos mantengamos limpios de pecado, que el enemigo no tenga argumentos para fracturar nuestro escudo espiritual: “Porque el Señor tu Dios anda por tu campamento para protegerte y para entregar a tus enemigos en tus manos. Por eso tu campamento debe ser un lugar santo; si el Señor ve algo indecente, se apartará de ti” [Deuteronomio 23:14].

Lo último que quisiéramos proponer en esta reflexión es ¿a quién deberíamos realmente temer? Porque como el rey David escribió: “El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida; ¿quién podrá amedrentarme?” [Salmo 27:1]. La primera respuesta es que a ningún humano: “Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que confía en el Señor sale bien librado.” [Proverbios 29:25], ni a lo que le temen las personas del común: “¡Dichosos si sufren por causa de la justicia! «No teman lo que ellos temen, ni se dejen asustar.” [1 Pedro 3:14], al único al que le tenemos que temer es a nuestro Padre: “No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno.” [Mateo 10:28], a fallarle en los términos del pacto y por ende a quedarnos sin su cobertura.

En conclusión, sentir miedo es normal, vamos a seguir teniendo pruebas y las vamos a agradecer porque ahora sabemos que son ventanas de oportunidad para pasar a un nuevo nivel espiritual en nuestras vidas, las vamos a asumir con amor y valentía porque como escribió el Rab Shaul ben Gamliel (Pablo): “Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡ Abba! ¡Padre!»” [Romanos 8:15].