Parashá

Vayeilej

Deuteronomio 31:1 - 30
Por : Rocio Delvalle

Y en ese momento, el ETERNO insiste en una promesa que hizo casi desde el principio, que iba a ser una tierra que fluye leche y miel [Exodo 3:8]. Y entonces surge la pregunta ¿A qué se refiere esta expresión que se repite periódicamente a lo largo de la Toráh?

Realmente, varias respuestas e interpretaciones se han dado a esta pregunta. Hoy tomando algunas de estas, quiero desarrollar una perspectiva desde la biología. La leche en términos biológicos implicaría la presencia de mamíferos. Ya que una de las características distintivas de los mamíferos es que tienen glándulas mamarias que producen leche, las cuales no están presentes en los animales no mamíferos. Más concretamente, y de forma muy probable se esté refiriendo al sostenimiento de ganado vacuno, ovino y caprino, que mantenían el pueblo de Israel y que se deduce del hecho de que los sacrificios que el ETERNO había dejado establecidos eran de estas tres especies [Levítico 1]. Y el ETERNO ha mantenido su promesa porque aún hoy en día Israel es un gran productor de leche (1, 2, 3).

En el caso de la miel, si bien hay registros arqueológicos de panales de abejas incluso desde la época del primer templo, la mayoría han interpretado la parte de la miel, como aquella que se extraía de los dátiles (1), una de las siete especies típicas de la tierra de Israel. Por extensión yo lo entendería como la provisión que el ETERNO traería en cuanto a la producción agrícola. Y en este punto me quiero referir a dichas siete especies que Moshé menciona en  [Deuteronomio 8:8] y que aún muchas de ellas son emblemáticas de la agricultura Israelí.

El trigo (Triticum aestivum L.): Es una planta de hábito herbáceo, cuyos frutos se agrupan en una estructura denominada espiga. Esta especie es bien conocida por los panaderos y algunas amas de casa, pues con la harina extraída de los granos de este cereal se hace el pan y muchos otros productos. Según la Toráh la siega de este cultivo se hacía en la primavera entre Pesaj y Shavuot [Levítico 23:10; Deuteronomio 16:9]. Era con la harina de esta especie que se hacían las ofrendas de cereales [Levítico 2:14-16].

La cebada (Hordeum vulgare L.): Es una planta de hábito herbáceo, cuyos frutos se agrupan en una estructura denominada espiga. Con  esta especie también se pueden hacer preparaciones como el pan a base de su harina. Era la harina que se utilizaba cuando se ofrecía una ofrenda por causa de celos [Números 5:15], y es muy importante para nosotros en la época de Shavuot (Fiesta de las Semanas), como se narra en la Meguilá (libro) de esta fiesta, el libro de Rut, cuya historia se desarrolla y llega a su clímax durante la siega de la cebada.

Las viñas (uvas) (Vitis vinifera L.): Es una planta de hábito trepador, comúnmente conocidas como enredaderas, es la razón por la cual los viñedos crecen soportados en barandas en las cuales se sostienen los cuerpos vegetales de esta especie. Las uvas se categorizan en un tipo de fruto en forma de baya (muchas semillitas rodeadas por un cuerpo carnoso), y casi siempre están en racimos. Es fundamental en la preparación del vino, con el cual se hacían prácticamente todas las libaciones. En [Deuteronomio 16:13] es asociada con la fiesta de Sukkot, pues el ETERNO establece que dicha fiesta se celebraría al terminar la vendimia.

Las higueras (Ficus carica L.): Es una especie de hábito arbóreo, es decir, es un árbol. Tanto las flores como los frutos de esta especie son muy particulares, ya que no son como muchas otras plantas, que exhiben sus flores y frutos vistosamente. A lo que nosotros llamamos fruto en esta especie, el higo (breva), en realidad es una estructura que la planta desarrolla con la cual encierra y oculta las flores y posteriormente los frutos, y a las cuales solo tienen acceso unas avispas minúsculas que las polinizan para que se produzcan frutos también minúsculos que quedan en su interior. Al madurar los frutos producen también la maduración de la estructura externa, que es cuando finalmente nosotros la consumimos. Con los higos se hacían tortas en los tiempos bíblicos [1 de Samuel 25:18; 30:12] y se menciona en la Tanak (Toráh, Profetas y Escritos) como una especie muy común y abundante [1 de Reyes 10:27].

Las granadas (Punica granatum L.): Esta especie es de hábito arbustivo. Aunque sus tallos también son leñosos, la diferencia con los árboles, es que las ramificaciones se dan desde la base de la planta, casi que a ras de piso. El fruto, que casi siempre se encuentra en forma individual y no en racimos, es una cápsula con muchas semillas en su interior recubiertas por una sustancia gelatinosa, carnosa, conocida como arilo. Hoy en día este fruto en Israel se utiliza a nivel industrial para la producción de jugos, yogures, alimentos  para niños, vinos mermeladas, incluso para cosméticos (4).

La miel (dátiles) (Phoenix dactylifera L.): Esta especie es de hábito unicaule, es decir, es una palmera. Tiene un alto tallo, que no se ramifica sino que sube de cara al cielo y en la parte más alta exhibe su penacho de palmas, de sus hojas, y los racimos con sus frutos. Dichos frutos son del tipo drupa en los cuales hay una sola gran semilla (como los duraznos) rodeada por un tejido carnoso y dulce que es el que nosotros consumimos. Con este fruto se pueden hacer tortas [2 de Samuel 6:19], o consumir directamente. En la época actual es uno de los ingredientes del delicioso jarozet que consumimos en Pesaj (Pascua).

Los olivares (olivos) (Olea europaea L.): Esta especie es también de hábito arbóreo como las higueras. El fruto es una drupa como en el caso de los dátiles. Es muy importante porque de esta especie se extrae el aceite, con multiplicidad de usos tanto en el servicio ritual, para la preparación de tortas de cereales, como para la unción de los sacerdotes y líderes del pueblo.

Según algunas fuentes bibliográficas y otras escriturales, todos los frutos de las especies relatadas (excepto la cebada y quizá el trigo) tenían su cosecha para el otoño y en la fiesta de Sukkot habían sido todos recogidos [Levítico 23:39-40]. De manera que es maravilloso leer pasajes como [Levítico 23:39] donde dice “…luego de que hayan recogido los frutos de la tierra, celebrarán durante siete días la fiesta de Adonai…” teniendo en tal diversidad de frutos (bayas en racimos de color morado, higos morados encerrando múltiples y pequeños frutillos, granadas rojas, grandes, redondas y dulces, olivos ovalados y verdes dispuestos a ser prensados y a sacarles el mejor aceite y dulces muy dulces dátiles ovalados y amarillentos), cómo no iba a ser completa la alegría con tal despliegue de colores, formas y sabores, dando vida y felicidad a los habitantes de la tierra.  Después de un año de cuidados en los diferentes cultivos, veían la promesa cumplida del Altísimo con una provisión cual abundante miel, y que alcanzaba para una año completo de alimentación cotidiana y servicios sacrificiales.

En la fiesta de Sukkot los sabios han dado una enseñanza hermosa en cuanto a los componentes del lulav, diciendo que una comunidad completa y kosher (apta) al igual que el lulav, necesita de mucha clases de personas. No todos somos iguales, pero todos contamos. Eso mismo lo veo reflejado en los frutos que estaban cosechados para esta época, y aún más las plantas que daban lugar a estos frutos. Están los que son altos y vistosos como una palmera, o los que soportan golpes en sus troncos para que caigan sus frutos como los olivares, y cuyos frutos a su vez son prensados y presionados para sacar el aceite, o como las vides que requieren reclinarse sobre una barda durante su crecimiento, o como las higueras que más reservadas prefieren no estar exhibiendo sus frutos, pero que al final dicha estructura es rota y los frutos finalmente pueden alimentar a muchos, o como las granadas que no se mantienen con una sola rama mucho tiempo sino que temprano se ramifica, toma varios caminos y prefieren dar su fruto en solitario sin estar asociado con otros, pero finalmente trae muchas semillas con un resultante muy dulce.

De la misma manera, en la fiesta de Sukkot debían estar los hombres las mujeres, niños y extranjeros, esclavos y esclavas [Deuteronomio 31:12], y como se relata en la parashá Vayelej, cada siete años, en el año del perdón de las deudas, en el año de Shmitá (frenar, parar), todo el pueblo reunido independientemente de sus diferencias, debía reunirse y estar atento, a la lectura de la torah, para que la conocieran, la escucharan y aprendieran a temer a Adonai su Elohim (El Señor su Dios). Cada uno era diferente, pero todos estaban regidos bajo la misma norma, y bajo la misma instrucción y temía a un único y santo Señor.

El Sukkot de este año en nuestra comunidad es muy especial, ya que como habla la parashá Vayelej, este es un año de Shmitá. Y precisamente en esta semana será el día de Yom Teruah (toque de trompeta) que dará inicio al ciclo de fiestas del que hace parte La fiesta de las enramada. Dispongamos entonces nuestro corazón, aprovechemos el tiempo de Yom HaKippurim (El día de las expiaciones) para ponernos a cuentas con el Altísimo y para dejar de ver las diferencias con nuestros comunitarios como un problema, sino como una diversidad sana que enriquece la cosecha que el ETERNO toma de nosotros y tengamos un oído atento a volver a recibir esa instrucción celestial que nos aprovisiona para un nuevo año en el camino que el ETERNO ha trazado para nosotros.