Parashá

Vaetjanan

Deuteronomio 3:23 - 7:11
Por : Familia Delgadillo Zapata

Así nos comparte el salmista y rey David uno de sus muchos pensamientos:

“Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión; él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas” (Salmo 103:1-5).

Su aplicación en la vida y en todos los tiempos cotidiana es abundante. Recordemos, por ejemplo, que después de ser liberados de Egipto con grandes portentos y prodigios…, de ver el mar abrirse ante sus propios ojos…, de recibir el maná "trigo de la cosecha celestial"…, de recibir la Torá en Sinaí…, de vivenciar las diferentes batallas desde la victoria, "bueno casi todas"…, el pueblo está terminando su proceso formativo en el desierto y se aproximaban a la entrada de la "tierra prometida", pero antes de poseerla, Moshé se dirigió al pueblo y les dijo:

“En aquella ocasión le supliqué al Señor: "Tú, Señor y Dios, has comenzado a mostrarle a tu siervo tu grandeza y tu poder; pues ¿qué dios hay en el cielo o en la tierra capaz de hacer las obras y los prodigios que tú realizas? Déjame pasar y ver la buena tierra al otro lado del Jordán, esa hermosa región montañosa y el Líbano". Pero por causa de ustedes el Señor se enojó conmigo y no me escuchó, sino que me dijo: ¡Basta ya! No me hables más de este asunto” (Deuteronomio 3:23-26).

¡Oh-oh, un momento!, retomemos la respuesta que recibió Moshé de nuestro Abba (Padre): "¡Basta ya! No me hables más de este asunto".

¿Puedes imaginar esa escena? ¿Qué crees que pudo sentir Moshé al oír esas palabras?, tal vez tristeza, dolor, decepción, angustia, frustración…. cuantos posibles sentimientos, y adicionalmente el bombardeo de toda clase de pensamientos invadiendo su cabeza: pero… yo estuve, yo hice…, yo aguanté…, yo fui…, yo vine…
En fin, esta solo es una posible escena de cómo pudo haber sido ese momento, aún más cuando consideramos todo lo que conocemos de la humanidad de Moshé.

Justamente en esta porción de la parashá es donde queremos detenernos y compartir con ustedes querida comunidad las siguientes palabras.

 A pesar de lo que pudiese haber llegado a sentir Moshé, él era plenamente consciente de su falta, él sabía que había desatendido una orden, ¡Sí, a tan solo una orden de miles que nuestro Abba le dio!, pero esa única falta le impidió entrar a la tierra prometida. No se querida comunidad, pero cuando leo estos versículos, se me eriza la piel y mi alma se inquieta. Sí… mi alma se inquieta por dos razones: la primera porque ¡El Eterno le dijo NO a Moshé, a…Moshé! y la segunda porque me confronta para ver ¿si he obedecido o no?, ¿si alcanzaré la tierra prometida?, o ¿si he tenido un corazón dispuesto de acuerdo a la voluntad perfecta de nuestro Di-s?

Es interesante observar que por más de 4 milenios los sabios del pueblo judío han tratado de explicar desde diferentes puntos de vista, la respuesta que recibió Moshé del Eterno. Algunos sabios dicen que el Eterno calló a Moshé porque si este suplicaba una vez más, completaría la cantidad de plegarias necesarias para que le fuera concedida su petición.

Quizás, la enseñanza más importante de esta situación para resaltar, recordar y tener siempre presente, es que ¡Nuestro Abba es bueno y justo, recuerda bueno y justo, no lo olvides! Por lo tanto, si tú o yo tomamos malas decisiones tendremos que ser conscientes como Moshé, y si bien alcanzaremos el perdón por parte del Eterno porque nuestro amado Abba es bueno y misericordioso, de igual manera también debemos ser lo suficientemente valientes para aceptar y afrontar sus consecuencias.

Por eso querida comunidad escucha su voz y obedece con amor, atiende siempre al hermoso llamado de nuestro Melej (Rey), con un corazón dispuesto; y si te sientes con la copa a punto de rebosar por las razones que sean, recuerda lo que nos dice su palabra:
“Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir” (1Corintios 10:13).

Así que, no bajes la guardia, camina siempre en pos de Él y no olvides que ¡la tierra prometida nos espera!”.