Parashá

Vaeirá

Éxodo 6:2 - 9:35
Por : Natalia Lara

“Tarde piaché”… o el arte de procrastinar

¿Por qué el Faraón prefirió pasar un día más con las ranas?¿Y qué opinión tuvo Yeshua de este hecho?

Dice un cuento tradicional español, que una vez un gallego compró un canario para que le alegrara las mañanas con su canto. Pasaron uno, dos y tres días… y el canario nada que cantaba; cuatro, cinco y seis semanas… y nada que trinaba. Siete, ocho y nueve meses… y ni una sola nota cantó. Así que, el primer día del décimo mes, el gallego aburrido de que el ave nada hiciera, decidió preparase un caldo de canario, “al menos de almuerzo me servirás” se dijo a sí mismo, y justo cuando lo iba a meter a la olla el canario trinó “tarde piaché” le dijo el gallego, que al español traducido sería “tarde piáste” pues justo cuando lo iban a sacrificar fue que el ave se decidió a cantar, sin que esto evitara el triste final que ya el gallego le había decidido.

Esta frase se acuñó como expresión coloquial para cuando alguien llega tarde a una cita o negocio, y se relaciona con el verbo procrastinar que se refiere a diferir o aplazar las cosas. En la parashá de esta semana וארא  –vaera (Me aparecí; Ex 6:2-9:35) encontramos dos historias de procrastinación que bien podríamos ser nosotros mismos. Por un lado, después de que las ranas invaden todo Egipto, el Faraón mandó llamar a Moshé y a Aarón para pedirles que alejen las ranas a cambio de dejar ir al pueblo, y cuando Moshé le pregunta cuando debe hacer ante Di-s este ruego, el Faraón le da una curiosa respuesta: “Mañana” [Ex 8:8-10]…  ¿Mañana? ¿Acaso no estaba cansado el Faraón de vivir asediado por ranas? ¿Será que ya se había encariñado con algunas de ellas?

Más adelante encontramos otra curiosa historia: Moshé les advierte a los egipcios de parte de Hashem que va a enviar la plaga el granizo, la cual llama “todas mis plagas” [Ex 9:14] pues contenía agua en forma de hielo, recubierta por fuego y acompañada por truenos y fuertes vientos. Los egipcios ya habían visto la manifestación del poder del Eterno a través del agua transformada en sangre [Ex 7:14:24], la infestación de ranas [Ex 8: 1-6], piojos [Ex 8:16-17] y bestias salvajes [Ex 8:24], la muerte del ganado [Ex 9:6-7] y la sarna sobre sus cuerpos [Ex 9:18]. Y si bien, las primeras 2 plagas fueron copiadas por los magos egipcios con sus artes [Ex 7:22, 8:7], ningunas de las otras las pudieron replicar, así que hasta los consejeros del Faraón reconocían el poder de Hashem, “En todo esto está la mano de Di-s” [Ex 8:19]. De tal modo, que cuando Moshé hizo el anuncio, los egipcios ya sabían que les esperaba, sin embargo “Algunos funcionarios del faraón temieron la palabra del Señor y se apresuraron a poner bajo techo a sus esclavos y ganados, pero otros no hicieron caso de la palabra del Señor y dejaron en el campo a sus esclavos y ganados” [Ex 9:20-21]. Y precisamente, sobre aquellos que retrasaron el guardar sus trabajadores y bienes, el granizo arrasó con personas, animales y cultivos [Ex 9:24].

La procrastinación, es un defecto humano: el arte de dejar todo para después. De hacer el trabajo a última hora, de pagar el último día de vencimiento, de llegar sobre el tiempo a la cita, de esperar el último plazo. Hay preceptos bíblicos que nos hablan en contra de la procrastinación: traer las ofrendas en la primera festividad de peregrinaje [Dt 12.5], separar el producto y los diezmos en su orden correcto [Ex 22.28, Dt 18:4], no dejar sacrificios para después [Éx 23.18, Lv 19:6] ni que la comida se pierda por dejarla para luego [Lv 6:10] y dar el medio shekel en su tiempo, anualmente [Ex 30:13].

Si vemos más allá del relato, encontraremos otra cara de la moneda: antes de que ocurriera cada plaga, Di-s no solo dió aviso, sino que esperó un tiempo antes que sucedieran [Ex 9:5; 9:18]. De hecho, Hashem dio tiempos a muchas ciudades antes de destruirlas, como por ejemplo Ninive [Jn 3:4]. Acaso ¿Di-s también procrastina? La brit hadasha (pacto renovado) nos da la respuesta “Adonai no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan” [2 Pe 3:9].  De hecho, es justo en ésta parashá en la que el Eterno se revela bajo el nombre santo [Ex 6:2] lo que nos recuerda que el no deja nada para después, sino que Él esencialmente es siempre el mismo, y que no olvida sus promesas, ni las retrasa, sino que recuerda y confirma su pacto en su tiempo [Ex 6:5-8].

Nuestra tarea es creer y cumplir a cada demanda que el Eterno nos haga. No solo a través de su palabra, sino también en los compromisos que adquirimos en nuestra vida diaria, pues esto es dar testimonio. No ser como Faraón, que pedimos el milagro, pero para “mañana” pues preferimos aferrarnos a nuestras ranas: los errores, la pereza o la inconstancia, pues definitivamente es más fácil pasar cómodamente un día más con las ranas, que trabajar para deshacernos de ellas. Tampoco ser como los funcionarios del Faraón que no creyeron en el granizo, porque creemos estar en un “perfecto estatus espiritual” pensando que nada malo puede pasarnos, olvidando lo que dice Rav Shaul “aquel que este firme, cuide que no caiga” [1 Cor 10:12].

Creo que, en parte, a esto se refería Yeshúa cuando dijo “Ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás, es hábil para el Reino de Dios” [Lc 9:62]; pues ninguno de nosotros, que creyendo en Di-s y en Yeshua, tengamos que mirar hacia atrás por las cosas que tenemos pendientes o que no hemos hecho, estaremos listos para su propósito y su llamado, pues no podemos hacer algo cuando no hemos ni siquiera terminado lo que ya empezamos.

¡Shavua tov!