Parashá

Tetzavéh

Éxodo 27:20 - 30:10
Por : Por Martha Tarazona


PIEDRAS PRECIOSAS COMO OFRENDA

Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos…piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral”.[Ex. 35.4-9]

Las piedras preciosas eran una de las ofrendas que el Eterno ordenó a Moshé, que los hijos de Israel tomaran para Él.

A lo largo de los siglos las piedras preciosas se han relacionado con numerosas propiedades mágicas y medicinales, relacionadas con los signos zodiacales y usados como símbolo para el ocultismo. Sin embargo en lo espiritual tienen un gran valor, tanto que el sacerdote las llevaba en el pectoral.

Una piedra preciosa es definida como un mineral (por lo tanto un objeto natural), hermoso, raro, duro y resistente.

-Una piedra preciosa debe ser un mineral, es decir un objeto formado en la naturaleza de modo espontáneo y sin la intervención del hombre.

-Una piedra preciosa debe ser hermosa, la apreciación de una piedra preciosa se basa en datos objetivos, por ejemplo, características ópticas como el poder de dispersión (denominado juego de luces), el color, la transparencia y el elevado grado de refracción.

– Una piedra preciosa debe ser rara, la rareza es un término ligado a la naturaleza humana, que prefiere las cosas difíciles de obtener, independiente del precio, nadie se adornaría con rubíes si las orillas de los océanos estuvieran llenas de estas piedras.

– Una piedra preciosa debe ser dura y resistente, debido a que un arañazo en la superficie, o un desgaste de los ángulos o una escasa resistencia, reducirá el precio de la piedra y la hará poco atractiva.

El Eterno siempre pide de nosotros lo mejor, sin embargo hay muchas piedras que son sintéticas es decir, formadas con la intervención del hombre, y que algunas veces casi no se distinguen de las naturales. Dios quiere que la intervención de nuestra vida sea su santo espíritu que es el único que puede transformar nuestra esencia, para poder ser transparentes ante Dios y ante los hombres, no que parezcamos una piedra preciosa y al examinarla sea algo sintético que no tiene valor.

Una piedra hermosa está definida como una piedra que da luz. Bajo esta premisa, nosotros debemos ser luz del mundo, si somos una piedra original.

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos “ [Mt. 5:14-16].

Una piedra es dura y resistente, el Eterno desea que nosotros seamos fuertes y valientes [Jos 1:9], que seamos como el roble capaces de soportar las adversidades, que no seamos como las olas del mar que son arrastradas por el viento y echadas de una parte a otra [Stg 1:6]

Las piedras preciosas tienen un gran valor y quienes las poseen las tienen aseguradas contra pérdida, éstas se heredan de padres a hijos y es como tener una propiedad que les da el aval para hacer créditos o negocios.

Si las piedras preciosas se usaban como ofrenda, Dios quiere que le entreguemos una ofrenda pura, sin mancha, original, hermosa, luminosa, fuerte, y rara, por qué rara?  Porque en la sociedad actual ser una piedra con las características que se han definido no es fácil, y solo los que conocen de piedras preciosas las pueden valorar, los que no confunden las sintéticas con las originales, sin poder identificar la luminancia, la cromaticidad y el tono del color.

Que seamos piedras preciosas solo trabajadas con la intervención divina, como barro en las manos del alfarero, para poder ser transformados día a día, y poder llegar a la plenitud en Yeshúa HaMashiaj.