Parashá

Noaj

Génesis 6:9 - 11:32
Por : Natalia Lara


Respirando bajo el agua

¿Por qué Di-s escogió el diluvio para destruir el mundo en tiempos de Noaj? Y ¿Por qué no podemos respirar dentro del agua?

El agua es un elemento fundamental para el mantenimiento de la vida. Al nacer el 90% de nuestro cuerpo está conformado por agua, la cual empieza a evaporarse por la piel y redistribuirse de tal manera que, al llegar a la vida adulta, alrededor del 50-60% de nuestro peso corporal es solamente agua. Es indispensable para mantener el equilibro adecuado de los minerales que permiten los procesos eléctricos vitales del cuerpo (corazón, cerebro y sistema nervioso), para mantener una adecuada tensión arterial y hasta para mover los alimentos en el tracto gastrointestinal. Si es tan importante en nuestro organismo ¿Porqué no podemos vivir bajo el agua? Está pregunta si bien puede ser relevante actualmente, en un mundo donde se están buscando nuevas formas de redistribuir y aprovechar el espacio habitable en la tierra, debió ser muy relevante en tiempos de la parashá que leemos esta semana [Gn 6:9-11:32], en el año 1656 desde la creación, en tiempos de Noaj, en donde un diluvio cubrió la tierra y borro de ella toda forma viviente.

Si bien tanto el agua como el aire tienen oxígeno disuelto en ellos, la membrana interna que recubre nuestros pulmones está diseñada de tal manera que solo puede tomar el oxígeno que esta disuelto en el aire. De hecho, aunque dentro del vientre materno estamos en un medio completamente acuoso, el oxígeno que requiere el bebé lo toma, no a través de los pulmones, sino a través de la sangre que recibe de la placenta por medio del cordón umbilical. Este diseño de los pulmones, no es exclusivo de los seres humanos, sino de todas las creaturas con respiración pulmonar y de otros tipos, a excepción de la respiración branquial (peces) y por difusión (esponjas marinas).

¿Y por qué escogió Di-s el diluvio para destruir el mundo? Por un lado, está parashá enseña que el mundo antediluviano fue destruido por la maldad, la corrupción y la violencia que existía entre la gente [Gn 9:5,12,13]. Explica además el Talmud (Sanedrín 57a) que la sociedad estaba llena de celos, avaricia, robo, violencia, mentira, intolerancia, engaño y fraude -cualquier parecido con nuestra realidad actual no es coincidencia-. Además, Rashi e Ibn Ezra comentan que lo más bajo en ese tiempo era la explotación sexual entre las personas (1). Pero más allá de eso vale la pena preguntar ¿Por qué uso Di-s agua, y no fuego, o un terremoto para borrar lo que había creado?

Una parte de la respuesta se encuentra en ésta parashá: en la teivá (el arca). En un mundo cubierto por las aguas, solo quien estuviera dentro de una estructura como está podría haberse salvado… tal vez si hubiera sido fuego cayendo del cielo, como la destrucción de Sodoma y Gomorra [Gn 19:24-25] ni siquiera un refugio antiaéreo les hubiese guardado, o, si fuese un gran terremoto que abriera la tierra, por el contrario, pudieran haberse salvado más de los que entraban en el arca -como pasa hoy día en un temblor-. El diluvio, constituía una oportunidad indiscutible de elección entre la vida y la muerte, entre arrepentirse y sobrevivir dentro del arca o hacer caso omiso y perecer por el diluvio. No había otro sitio para escapar, y nadie estaba provisto de chalecos salvavidas ni nada por el estilo para sobrevivir. Era una decisión de todo o nada.

Por otro lado, Di-s necesitaba dejar evidencia histórica de lo que había pasado. Si bien, creer en la Torá es cuestión de fe, el Eterno en su infinita misericordia, nos permite descubrir las chispas divinas que confirman lo que Él ha hecho a través de la historia: el hecho que el continente norteamericano – desde Alaska hasta México – estuvo cubierto por el océano; pruebas arqueológicas que muestran que la ciudad de Shurupak (Bagdag) tuvo una gran inundación hace alrededor de 4000 años; grandes cumulos de fósiles terrestres (animales y plantas) que sugieren una extinción masiva y como fósiles marinos encontrados a gran altitud sobre el nivel del mar…

Pero más allá de eso, tiene que ver con lo que significa el agua a la luz de la palabra del Eterno. La palabra hebrea para agua es מָ֫יִם maim (S.4325) y aparece 581 veces en el Tanaj. La Torá nos enseña no solo que el agua es fundamental en el proceso de purificación [Lv 8:6, 14:8], sino que la equipara a su palabra [Dt 32:2, Is 55:10-11]. De tal modo que, el diluvio fue la purificación, la “tevilá” para el mundo de aquel entonces, no solo mediante agua sino por la palabra de Hashem [2 Pe 3:6].

Tal como Di-s mediante el diluvio purificó la tierra en tiempos de Noaj, Yeshua HaMashiaj purificó la kehila, lavándola con agua mediante la palabra [Ef 5:26], pues él es la fuente de agua viva [Jn 4:10-14, 7:38]. Por tanto si Di-s nos lava con esta agua -su palabra- somos limpios de toda inmundicia, pecado e impureza [Ez 36:25, Zac 13:1]. El Eterno ha prometido que un día habrá un nuevo diluvio, pero ya no para destrucción sino para salvación: “Porque, así como las aguas cubren los mares, así también se llenará la tierra del conocimiento de la gloria del Señor” [Hab 2:14].


Shavua tov!