Parashá

Ki Tisá

Éxodo 30:11 - 34:35
Por : Angie Ramirez

Aunque lo primero que podríamos pensar al escuchar medio shékel, es dinero o contribución, Hashem en su infinita sabiduría nos lo hace ver de una manera más amplia; en la parashá “Ki Tisá” nos permite ver el valor sustancial que tiene un término aparentemente tan simple.

Como seres humanos imperfectos, llenos de defectos, nuestra comprensión es limitada. Sin embargo, por medio de Yeshúa Mashiaj, quien dio su vida para que pudiéramos tener acceso directo al Eterno, sumado a la dedicación, al estudio y el esfuerzo que tengamos ante lo que llamamos las cosas de “D.os”, podemos entender que cuando se nos habla de algo aparentemente superficial, podemos ver el verdadero significado, que en este caso no es otro que la importancia de trabajar en unión. Así es, como lo relatan las escrituras, nadie en solitario podía llevar su medio shékel; debía ir en pareja para que los dos contarán como uno solo.

Estudiando la parashá, tuve la oportunidad de consultar una página sobre judaísmo denominada Jabad.com. En esta, acostumbran hacer un ejercicio muy enriquecedor el cual consiste en publicar un mensaje para cada día de la semana. Dicho mensaje siempre va acorde a la parashá semanal; el de hoy domingo lo denominan “nadie es más que medio”. Y cuando uno está casado es más fácil comprenderlo, ya que, en realidad, es difícil sentirse completo(a) si no se está en unión con el cónyuge. Y así en muchas cosas vemos que somos solo mitades…  sí!, “solo” un medio. 

El Eterno nos pone varios ejemplos de esto en la Toráh. Uno de ellos es cuando ordenó a Moshé la construcción del Mishkán; labor que fue asignada según cuenta el midrash a un joven de tan solo trece años. Así que su primera labor como miembro de un pueblo y adulto responsable, fue nada más y nada menos que construir este lugar tan sagrado; pero no lo hizo solo, fue asignado para su ayuda Aholiav. En esta historia vemos una enseñanza muy enriquecedora que comparada al medio Shékel, en la cual ni el más rico daba más dinero, ni el pobre que tenía menos recursos daba menos, sino que todo era en igualdad de condiciones. Así mismo, Hashem designó a dos jóvenes para una labor de mucha honra y honor, siendo uno de ellos representante de la tribu más importante: Yehudá y el otro de la tribu considerada la más humilde: Dan. Lo que nos muestra que ante Sus Ojos no hay grande ni pequeño, todos ante ÉL valemos lo mismo.

Recordemos que las diez palabras fueron distribuidas de forma equitativa. En una laja, cinco de ellas hacen referencia a la relación con El Creador. En la segunda, las cinco palabras restantes, están relacionadas a nuestra relación con el prójimo… ¿increíble no? Todo está conformado por dos mitades, y no solo hago referencia a las lajas; vemos en este ejemplo, parejas conformadas por el Creador y “yo”, y por mi prójimo y “yo”. Y ¡hay más!, dice el Mashiaj Yeshúa en [Mateo 18:19-20] “Además les digo que, si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo.  Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Podría seguir con los ejemplos, pero a lo que quiero llegar, es a que nos necesitamos los unos a los otros. Todos somos miembros de un mismo cuerpo en el Mashiaj, no todos podemos ser ojos, o pies o manos, ya que cada uno tiene su función y aun cuando somos tan diferentes… cuando tenemos defectos y dificultades, al existir un objetivo común y esforzarnos por alcanzarlo, será el Señor guiándonos.