Parashá

Kedoshim

Levítico 19:1 - 20:27
Por : Natalia Lara

La parashá de esta semana es kedoshim (santos) y hace uno de los llamados más importantes que marca la diferencia entre el pueblo de Di-s y los demás pueblos: “Sed santos, porque yo el Señor vuestro Di-s soy santo.” [Lv 19:1] “Consagraos a mí, y sed santos, porque yo soy el Señor vuestro Di-s” [Lv 20:7].

Para ello, El Eterno nos da instrucciones acerca no solo de la actitud de nuestro corazón (honrar los padres –[Lv 19:3]-, tener misericordia –[Lv 19:9-10]- , amar al prójimo –[Lv 19:18]-); sino que de manera explícita nos marca las prohibiciones acerca de nuestros sentidos: gusto (no comer el sacrificio al tercer día –[Lv 19:5]-, ni sangre –[Lv 19:26]- ni animales impuros –[Lv 20:24]-), tacto (no hacer ídolos –[Lv 19:4], no robar –[Lv 19:11]- no cometer actos sexuales abominables –[Lv 20:10-21]-), oído (no engañar –[Lv 19:11]-, no calumniar –[Lv 19:16], no pervertir la justicia –[Lv 19:15]) y vista (no poner tropiezo al ciego –[Lv 19:14], no ver adivinos ni espiritistas –[Lv 19:31]-, no tener medidas arregladas–[Lv 19:35]). Y que pasa con el olfato, acaso ¿Hay distinción entre lo que debemos oler y lo que no?

El olfato inicia en la mucosa de la nariz, en donde cerca de 100 millones de neuronas ubicadas en un área de menos de 2 cm, reconocen las partículas volátiles, generando un estímulo eléctrico que viaja a través del nervio olfatorio hacia la corteza cerebral en dos vías: una medial que termina en la cara medial de los 2 hemisferios y se encarga de las reacciones primitivas al olor de los alimentos (como lamerse los labios y salivar); y otra lateral, que por un lado se dirige al hipocampo generando rechazo o disfrute del olor y por otro a la corteza orbitofrontal haciendo el análisis consciente de los olores.

El olfato es un sistema increíblemente calificado: en una décima de segundo puede reconocer uno de mil olores básicos (alcanforado, floral, pútrido, etc.) y cerca de un millón de olores secundarios.  Además, se requiere un estímulo muy pequeño para que un olor sea percibido, por ejemplo, el metilmercaptano (sustancia liberada de tejidos en descomposición) puede olerse con una 25 billonésima de gramo en cada mililitro de aire. Las células del olfato y del gusto son las únicas del sistema nervioso que son reemplazadas cuando envejecen o se lesionan, y aunque su perdida no genera discapacidad, es preocupante cuando se pierden pues puede ser la primera manifestación de enfermedades como el Alzheimer.

La palabra que se usa en hebreo para nariz es אַף aph (S. 639) también significa cara y persona, y se usa para postrarse e inclinarse, como en [Gn 19:1] donde dice que Lot se inclinó al suelo, literalmente dice “se encorvó con su rostro (aph) hacia el suelo”. Di-s sopló aliento de vida en la nariz del hombre [Gn 2:7] y es ese soplo el que define los seres vivos, pues todo lo que tenía “aliento de vida” murió en el diluvio [Gn 7:22]. Probablemente por haber recibió ese toque divino, fue que la nariz no se involucró en el pecado original de Adán y Java, pues ella escuchó la serpiente, vio el fruto, lo tomó y lo gustó [Gn 3:1-6]… pero nunca dice que lo oliera.

De forma llamativa, el olfato activa otros sistemas que son la base de respuestas emocionales y patrones conductuales: en los animales les permite reconocer las presas, el peligro y sus futuras parejas; y en el ser humano -aunque menos desarrollado- se conecta con los sistemas de seguridad, nutrición y calidad de vida.  Un olor es capaz de evocar una gran cantidad de recuerdos, pues posee conexiones importantes con la memoria (hipocampo) y las emociones (el sistema límbico).  La comunicación olfatoria no es exclusiva de los animales en su periodo de apareamiento: un recién nacido humano es capaz de olfatear y arrastrarse al pecho de su madre, las mujeres tienen cambios en las células del olfato según su fase del ciclo menstrual en que se encuentren y las feromonas explican la sincronía temporal del ciclo menstrual entre mujeres que conviven juntas.  El olfato es fundamental no solo en nuestras relaciones con la comida sino también en nuestras relaciones con las personas.

Así que, aunque aparentemente ningún mandamiento prohíbe lo que debemos oler, en realidad todos tienen que ver con lo que olemos.  Lógicamente comemos sólo lo que nos huele bien. Pero la conexión va más allá: Aph (nariz) también traduce furor, ira y enojo.  En proverbios 30:33 la palabra aph aparece 2 veces: “…el que recio se suena la nariz (אַ֭ף), sacará sangre: Y el que provoca la ira (אַ֝פַּ֗יִם), causará contienda”, por lo que controlar nuestro enojo es parte de la santidad.  Aprender a respirar pausadamente, permitiendo que nuestro cerebro -y nuestro espíritu- se oxígene puede ayudarnos a tomar decisiones sabiamente y no tomar venganza sino amar al prójimo como a uno mismo [Lv 19:18].

La conexión entre la nariz y la inmoralidad sexual puede verse en las palabras utilizadas en la Toráh para prohibir el adulterio [Ex 20:14]: no adulterarás -Lo tneaph-.  Los sabios judíos enseñan que la palabra adulterar תִּֿנְאָֽ֑ף (S. 5003) es una combinación de las palabras tein aph (da la nariz), por lo que implica una exhortación “ni siquiera huelas otra mujer, pues esto lleva al adulterio”.  En la biología se ha descrito un órgano llamado “vomeronasal” que reconoce las feromonas, y parece ser el responsable de una parte de la atracción sexual, justificando con toda razón ni siquiera “oler” una mujer que no sea la esposa.

¿Y percibe Di-s los olores? Si bien Hashem no posee nariz, los sacrificios adecuados producen un olor agradable para el Señor, como lo relata la historia de Noé al descender del arca haciendo que Elohim prometiera no destruir nuevamente al mundo por un diluvio [Gn 8:21].  En el tabernáculo –y luego en el templo- se tenía un altar para el incienso [Ex 30: 7-8, 34-38], aceite de especias aromáticas [Ex 30:22-24, 31-32] y de manera continua se ofrecían sacrificios, vino y ofrendas de cereal con olor agradable para el Señor. [Ex 29:18,25; Nm 15:3]

Yeshúa mismo recibió diferentes presentes de olor fragante: los sabios de oriente le dieron incienso y mirra [Mt 2:11],  una mujer en casa de Simón derramó perfume sobre su cabeza [Mt 26:7-12], Myriam, la hermana de Lázaro, lo ungió con perfume en Betania [Jn 12:3-8] y luego de su muerte, Nicodemo envolvió su cuerpo en vendas con una mezcla de mirra y aloe [Jn 19:39-40].  Y de manera hermosa, las mujeres que iban a ungirlo con especias aromáticas después de su muerte fueron las primeras en recibir la noticia de su resurrección [Lc 24:1-6].

Kadosh significa santo, y ser santo implica ser separado para un propósito: “Sed vosotros santos, porque yo, el Señor, soy santo, y os he distinguido entre las demás naciones, para que seáis míos” [Lv 20:26]. Tal como nuestra nariz puede distinguir una fracción tan pequeña de olor en una gran masa de aire, del mismo modo El Eterno puede reconocer si una pizca huele mal en nuestro interior.  La palabra nos exhorta a ser aroma agradable para Di-s: con oraciones [Sal 141:2; Ap 8:3-4], ofrendas [Fil 4:18], llevando su conocimiento a quienes nos rodean [2 Cor 2:14-16], andando en amor [Ef 5:2] y obediencia [1 Sam 15:22].  Así que el reto es que tal como la muerte del Mashiaj fue fragante aroma, sacrificio aceptable a Di-s, nuestra vida pueda convertirse también en olor agradable para él: “Cuando yo los saque a ustedes y los reúna de todas las naciones y pueblos donde estarán esparcidos, en presencia de las naciones los recibiré como incienso agradable y les manifestaré mi santidad” [Ez 20:41].

Bibliografía

Guyton G.C. Tratado de fisiología Médica. Elsevier, 2011, 12 edición.
Osuna E.; Rubiano A. Neuroanatomía funcional.
Guevara R. ¿Cuál es el papel de las feromonas en la conducta sexual humana? Rev Fac Med UNAM.2004; 47 (1)
Kauffman N. El perfume. En: http://www.judaismovirtual.com/educacion/perfume.php    
http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/1200003276