Parashá

Jukat

Números 19:1 - 22:1
Por : Natalia Lara


Entre vacas y serpientes

¿Qué tienen en común una vaca, una roca y una serpiente? ¿y qué tiene que ver esto con Yeshúa HaMashiaj?

Los 613 mandamientos que están en la Torá se pueden clasificar en 3 categorías: Mishpatim (juicios) enfocados en relaciones sociales, Eidot (testimonios) que dan fe del dominio del Eterno sobre el mundo -por ejemplo, guardar Shabat-y Jukim (decretos) leyes que no pueden ser explicadas desde la razón humana y que la Torá no es explícita en los motivos para cumplirlas.

La parashá de esta semana tiene uno de los jok (singular de jukim) más importante: el de la vaca rojiza. De hecho, el nombre de esta parashá [Números 19:1-22:1] es Jukat חֻקָּה (S.2708) el femenino de jok חֹק (S. 2706). ¿Por qué la vaca rojiza es un jok? Porque no pareciera tener sentido que las cenizas de una vaca (muerta) purifican a aquel que (estando vivo) ha tenido contacto con un cadáver [Num 19:1-22].

Pero hay más cosas que no parecen tener sentido en esta parashá: una roca inerte que produce agua cuando se le habla ¡como si estuviera viva! [Num 20:8] y una serpiente de bronce que al observarla sana a quienes han sido mordidos por serpientes para que no mueran [Num 21:8]. ¿Qué tienen de común estas 3 situaciones?

Por un lado, todos hablan de cosas muertas (vaca, roca, serpiente de cobre) que son usadas para traer vida. Por otro, son escenarios en donde quienes padecían la necesidad no podían hacer nada por sí mismos para resolverla: el que estaba impuro no podía purificarse, Israel no podía producir agua y quien había sido mordido por una serpiente no podía sanarse. No podían comprar una planta purificadora -ni de aguas ni de personas- ni tampoco suero antiofídico -contra la mordedura de serpientes-. No había nada que pudieran solucionar en sus propias fuerzas.

Y ese es el mejor de todos los escenarios, porque cuando nosotros no podemos hacer nada, es cuando Di-s lo puede hacer todo. Ese nada puede ser la hipoteca de la casa, un dictamen médico, cambiar a la pareja o la salvación de nuestra familia. Cuando se agotan los recursos y posibilidades, es justo cuando Di-s puede glorificarse; pues entonces no se llevará la gloria un préstamo, un medicamento, ni un superhéroe…nadie más que el Eterno.

Los jukim hacen parte de esos escenarios: nosotros no entendemos nada pero obedecemos porque confiamos que Di-s tiene razón en todo. Para los jukim, no hay ninguna recompensa lógica, ni ningún beneficio explícito, distinto a cumplir la voluntad del Eterno. Cumplir los jukim es agotar nuestros recursos y posibilidades intelectuales y abandonarnos a la idea de que Di-s se glorifica cuando los cumplimos, que él se alegra en la obediencia de sus hijos.

Seguir a Yeshúa podría hacer parte de los jukim, pues no parece tener sentido mantenerse fiel a él en contra de las corrientes del mundo actual. Tampoco parece lógico que la muerte de uno nos limpie de la impureza del pecado [Jn 1:29], ni que por creer en él, de nuestro corazón de piedra broten ríos de agua viva [Jn 7:38], ni que por mirar al que fue levantado [Jn 3:14] sean sanas nuestras enfermedades [Is 53:4-5] … pero los jukim no se entienden desde la razón sino desde la obediencia. Desde la convicción de que “uno murió por todos, y por consiguiente todos murieron… para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado” [2 Co 5:14-15]

¡Shavua tov!