Parashá

BeHar

Levítico 25:1 - 26:2
Por : Natalia Lara


¿Descansar o no descansar?… He aquí la cuestión

¿Por qué es tan importante el reposo para el Eterno, que no solo nos manda a guardar Shabat, sino que ordena que la tierra repose e incluso, Él mismo reposo?

La parashá de ésta semana בְּהַ֥ר Behar/ en el monte [Lv 25:1-26:2] empieza y termina con una orden relativa al descanso: “Cuando ustedes hayan entrado en la tierra que les voy a dar, la tierra misma deberá observar un año de reposo en honor al Señor” [Lv 25:2] y “Observen mis shabat y muestren reverencia por mi santuario. Yo soy el Señor” [Lv 26:2]. En el hebreo la frase observar un periodo de reposo es וְשָׁבְתָ֣ה הָאָ֔רֶץ שַׁבָּ֖ת, en donde encontramos las palabras שָׁבַת shabath (S. 7673: cesar, reposar, desistir de esfuerzo) y שַׁבָּת shabbath (S. 7676: sábado, reposo, entreacto, el día de reposo). Aunque parecen similares, la primera es un verbo causativo, que se refiere a la realización de la acción de reposar y es la que se usa en Gn 2:2 “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo”. La segunda es un sustantivo, que se refiere al día de reposo y es la que se usa tanto en el mandamiento de guardar shabath [Ex 20:10-11, 31:13-16; Lv 23:3] como para referirse al descanso de Iom Kipur [Lv 23:32]. En está parashá además se ordenan otros dos descansos: la shemitá cada siete años [Lv 25:3-5] y el Yovel cada 50 años [Lv 25:8-12]. ¿Por qué es tan importante el reposo para el Eterno, que no solo nos manda a guardar shabat, sino que pide que la tierra repose e incluso el mismo reposó?

Junto a los días de reposo ordenados por el Eterno, los seres humanos tenemos otro tiempo de descanso obligado: el sueño. Pero este, no es exclusivo de nuestra especie, sino que todos los seres vivos que tienen sistema nervioso central pueden hacerlo (desde las ballenas hasta los escarabajos). De hecho, los insectos son susceptibles a estimulantes como la cafeína y experimentos han demostrado que privar de sueño a poblaciones de abejas hacen que se vuelvan muy erráticas en su comportamiento e incoherentes en sus movimientos para buscar alimentos. (Barret A et al, J Exp Biol, 2008:211, 3026-40).

Por muchos años la ciencia creyó que el dormir no tenía ninguna función en particular, pero su importancia se ve claramente en su ausencia: cuando no dormimos nos sentimos más torpes, con mayor dificultad para concentrarnos y hablar con fluidez, entre otros síntomas. El ejemplo más grave es el insomnio fatal familiar (FFI por sus siglas en ingles), un trastorno genético que se sospecha es inducido por priones en los que un insomnio progresivo muy agresivo genera disfunción autonómica (taquicardia, hipertensión), cognitiva (memoria a corto plazo y atención), motora (problemas de equilibrio) y hormonal que llevan al paciente a la muerte en un periodo de 18 meses (Khan Z, Bollu PC. SourceStatPearls; 2018: Feb 19).

Al igual que el insomnio fatal familiar, la biblia advierte que una de las maldiciones de la desobediencia es la falta de sueño “En esas naciones no hallarás paz ni descanso. El Señor mantendrá angustiado tu corazón; tus ojos se cansarán de anhelar, y tu corazón perderá toda esperanza. Noche y día vivirás en constante zozobra, lleno de terror y nunca seguro de tu vida” [Dt 28:65-66]. De hecho, una de las causas principales de las maldiciones narradas en Lv 26:14-45 es el no haber permitido que la tierra descansara cada 7 años en la shemita y cada 50 años en el Yovel [Lv 26:34-3, 43]. Y esto, porque estos periodos implican no solo dejar de cultivar sino el cumplimiento de las leyes de la shemitá -perdón de deudas, liberación de esclavos- [Dt 15:1-15] y el yovel -restitución de la propiedad y rescate de los esclavos [Lv 25:23-54]. Estos periodos significan una total dependencia del Eterno que solo es posible si se le reconoce como creador, legislador y proveedor: “Si acaso se preguntan: ¿Qué comeremos en el séptimo año si no plantamos ni cosechamos nuestros productos?, déjenme decirles que en el sexto año les enviaré una bendición tan grande que la tierra producirá como para tres años” [Lv 25:20-21].

Dormir es un proceso tan importante que pasamos una tercera parte de la vida durmiendo. Durante el sueño, no solo se descansa de la fatiga del día, sino que se produce la hormona de crecimiento y se fabrica lo que se necesitará el día siguiente, para lo cual es necesario desconectarse realmente del mundo -y del televisor, aparatos celulares y demás-. Además, se energizan las células del cuerpo, se consolida el aprendizaje y la memoria, se limpia la basura del cerebro; y aún se están descubriendo sus implicaciones en la regulación del humor, el apetito y el deseo sexual (Cirelli C, Tononi G. Cerebrum. 2017 Mayo: 07-17).

Tal como no dormir es una maldición por la desobediencia -o el resultado de malos hábitos, preocupación por malas decisiones o por no descansar en Hashem-; poder dormir es un regalo de manos de Di-s: “Yo traeré paz al país, y ustedes podrán dormir sin ningún temor” [Lv 26:6]. Muchos pasajes de las escrituras refuerzan este principio [Job 11:19, Sal 4:8, Prov 3:24]. Y es que cuando se duerme bien, se descansa para el Señor [Lv 25:1, 26:2].

Dos hechos podrían argumentarse para contradecir este principio. El primero, cuando el Eterno nos despierta en la madrugada y nos inquieta a orar por algo… pero ésta es la excepción que confirma la regla, pues habitualmente esta aparente “falta de descanso” no genera un mal día, ni una sensación de desasosiego, sino que, al contrario, produce la paz y la recompensa de descansar en sus promesas.  

El segundo es el “mal dormir” de los niños. ¿Es esto una maldición? ¿o no merecen ellos el regalo de dormir bien?… Nada más alejado de la realidad, pues es errado el concepto de que los niños “siempre duermen mal” o que “deben aprender a dormir”. Actualmente sabemos que, desde la semana 12 de gestación, el feto ya duerme sin ningún tipo de intervención externa: la embarazada no tiene que mecer su barriga para que el bebé se duerma. Y gran parte de la dificultad para que los niños inicien el sueño solos o tengan numerosos despertares nocturnos, se da en relación a los hábitos relacionados con el inicio del sueño y sincronizadores externos que ajustan su ritmo sueño-vigilia; es decir, si un niño aprende a dormirse rodeado de elementos externos que asocia a su sueño y no de personas, cuando tenga pequeños despertares -habituales durante la noche-, podrá volver a conciliar el sueño fácilmente. Pero si, se ha dormido en brazos de los padres, alimentándolo o meciéndolo, reclamará esos eventos para poder volver a dormirse (Estivilll E, Rev Neurol, 2000).

En síntesis, aunque venimos programados por Di-s desde el vientre para tener un buen sueño, los malos hábitos de los adultos cuando somos niños, y nuestros malos hábitos y decisiones como adultos cuando hemos crecido, son los que nos interrumpen el reposo que el Eterno quiere para nosotros. Pero si nos mantenemos fieles a sus mandamientos y creemos en Yeshúa, podremos acceder a las promesas que el Mesías nos ofrece, independientemente de cuales sean los problemas que quieran robarnos la tranquilidad de la almohada: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana» [Mt 11: 28-30].

¡Shavua tov!

1. Priones: proteínas agrupadas que, sin ser virus ni agentes vivos, tienen la capacidad de infectar al hombre y producir enfermedades.