Parashá

Behaalotja

Números 8:1 - 12 16
Por : Natalia Lara

 

Dime como hablas y te diré como eres

Es de cobardes hablar de aquel que no está presente para defenderse… y de valientes reconocer las bendiciones del Eterno por encima de la pruebas.

En la parashá de esta semana, בהעלתך Beha’alotecha [Num 8:1-12:16], se cuenta cómo el pueblo de Israel era dirigido todo el tiempo en el desierto por la voluntad del Eterno: “Cada vez que la nube se levantaba de la Tienda, los israelitas se ponían en marcha; y donde la nube se detenía, allí acampaban. Dependiendo de lo que el Señor les indicara, los israelitas se ponían en marcha o acampaban; y todo el tiempo que la nube reposaba sobre el santuario, se quedaban allí” [Num 9:17-18]. Sin embargo, aunque eran guiados por el Eterno “como un padre guía a su hijo” [Dt 1:31], su conexión con Él se veía interrumpida constantemente por dos enemigos de la condición humana: la queja y el chisme.

Por un lado, aunque en el desierto recibían constantemente la provisión de Hashem, permitieron que surgiera entre ellos el descontento por lo que no tenían -carne- olvidando las bendiciones que poseían -provisión, protección y libertad- [Num 11:4-5] por lo que Hashem complació sus deseos mundanos dándoles codornices, pero envió contra ellos tal mortandad que llamaron a ese lugar Quibrot Hatavá “sepultura de la glotonería” [Num 11:31-34].

Por otro, aunque Aharon y Myriam gozaban de un lugar especial delante de los ojos de Adonai, cayeron en el chisme al hacer un comentario mal intencionado acerca de la esposa de Moshé, lo que generó el castigo de tzaara -lepra- para Myriam y que el pueblo se detuviera 7 días en su camino [Num 12:1-16]. Y aunque ésta parashá no nos narra los motivos por los cuales cayeron en el chisme, la motivación para hablar de otros siempre son sentimientos negativos: avaricia, odio, envidia…

Hay dos palabras en hebreo para queja está אָנַן anan (S. 596: quejó, quejarse, murmullo) y תְּלֻנּוֹת tluwnah (S. 8519: murmuraciones, quejas, querellas, exaltado, elevado). Está ultima viene de la raíz לוּן luwn (S. 3885: noche, murmuró, morará, detener, quedarse permanentemente, ser obstinado) …Y es que precisamente la queja exalta nuestros deseos y obstinación pero detiene los planes del Eterno, como ocurrió cuando el pueblo se quejó de la tierra prometida [Num 14:27-35]. La Torá nos enseña que la queja enciende la ira del Eterno, como ocurre también en ésta parashá [Num 11:1].

La palabra para chisme en hebreo es רָכִיל rakil (S. 7400: chismes, chismeando, falsedades, escándalo) que viene de la raíz רָכַל rakal (S 7402: mercaderes, negociantes, viajar para comercio). Esto es porque los “comentarios inocentes” acerca de otros terminan en realidad comerciando con la integridad de una persona, exponiendo su vida [Lv 19:16] y produciendo división [Prov 16:28, 26.20]. El punto no es si el comentario es cierto o falso, sino que hablar en contra de otro es igual a hablar en contra del Eterno [Santiago 4:11-12] y si en verdad tenemos interés en corregir una actitud de otra persona lo correcto es buscar directamente al implicado y hablar con él [Mt 18:15-17].

El chisme es apetecible [Prov 18:8, 26:22] y parece “entretenido” pasar horas alrededor de un café hablando sobre los demás. De hecho, la escritura nos enseña que los chismosos son personas muy amables y cercanas a todos [Jer 9:4], se disfrazan de “interés por la obra de Di-s” mientras sutilmente esparcen comentarios maquillados de preocupación espiritual: opinan sobre cómo predica alguien, como ministra otro, porque este se viste así o aquel habla de esta manera. Sin embargo, el chisme es tan detestable para Hashem [Ez 22:9], que promete que será exterminado aquel que hace comentarios en secreto sobre su hermano, sean estos ciertos o no [Sal 101:5].

Tanto la queja como el chisme tienen algo en común: un espíritu de descontento, de insatisfacción constante que busca satisfacer solo sus propios deseos [Jud 1:16] y se concentra en aquello que le falta o que los otros tienen y que él no. Es un reflejo de una falta de relación con Hashem y de una baja autoestima, pues buscan ganar la atención de los otros bien sea quejándose para verse como “desafortunados” o exponiendo los defectos de otros para así realzarse a sí mismos.  

¿Qué actitud debemos tener?

Es normal que algunas circunstancias nos produzcan incomodidad o malestar; pero en esos momentos debemos recordar tanto las bendiciones de Di-s sobre nuestra vida, como el hecho que Hashem controla todo y aún las situaciones difíciles no se escapan de su voluntad, sino que obran para nuestro bien [Rom 8:28]. Yeshúa nos invita a no afanarnos por nuestra vida pues el Padre sabe de qué tenemos necesidad [Lc 12:22-30]. Es ante Adonai -y no ante otros- ante quien debemos exponer nuestras preocupaciones y angustias [Sal 64:1, 142:2] y aunque no entendamos el porqué de las situaciones, un corazón humilde reconoce la mano del Eterno en pruebas aparentemente injustas que experimentemos [Lm 3:39].

Pero frente al chisme si ¡no hay ninguna excusa que valga! Yeshúa dijo “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo?” [Lc 6:42]… y esto es porque siempre la motivación de un comentario sobre otros es un sentimiento negativo, pues si nos ponemos en el lugar de aquel de quien se está hablando, de seguro no quisiéramos estar allí. Nunca se debe decir a espaldas de una persona nada que no podamos decirle en su cara, pues es de cobardes juzgar a los que están ausentes para defenderse. También debemos cuidarnos de ser muy curiosos o meternos en la privacidad de los demás sin ser invitados, así como evitar hacer comentarios hirientes o que provoquen risas a costa del prójimo o del sarcasmo.

Puede que no “contemos chismes” pero con frecuencia podemos prestarnos para escucharlos, lo cual nos hace cómplices de la destrucción del buen nombre de los demás; por eso debemos apartarnos de la gente que le gusta hablar de más [Pro 20:19], ignorar a los “excesivamente preocupados por otros”, no repetir sus comentarios, evitarlos y mostrarles oposición abiertamente cuando quieran hablar de alguien.

Lo más importante es recordar que “donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón” [Lc 12:34] pues si nos concentramos en el propósito y la tarea que Di-s tiene para nosotros, en nuestra familia, nuestro trabajo y nuestro ministerio, no tendremos tiempo ni para quejarnos ni para participar en conversaciones de pasillo que no traen nada bueno.

“Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar y tardo para airarse” [Stg 1:19]

¡Shavua tov!

Referencias

  1. Caccia G. Los peligros de murmurar en el trabajo.  30. 09.2016. En: http://www.piensaprofuturo.com/articulo/los-peligros-de-murmurar-en-el-trabajo-21
  2. https://movilizacionweb.wordpress.com/2010/09/04/el-pecado-de-murmurar-y-sus-conseecuencias/