Parashá

Balak

Números 22:2 - 25:9
Por : Natalia Lara

 

El poder de la lengua

¿Quién es el que controla el lenguaje? ¿Cuándo una burra que no teniendo voz resulta hablando y un profeta que teniendo que maldecir termina bendiciendo?

La producción del lenguaje y el habla son procesos muy complejos. Y me refiero a lenguaje y habla porque son procesos distintos. El habla se refiere al medio oral de comunicación que, fundamentalmente requiere de la voz. Mientras que el lenguaje comprende además reglas sociales comunes que implican el significado, creación y combinación de las palabras, así como su aplicación a cada situación en particular.

Anatómicamente para generar la voz se requieren 4 estructuras: fuelles, vibrador, resonadores y articuladores. Los fuelles son los grupos musculares que permiten después de una adecuada inspiración, sacar el aire necesario que produce la vibración de las cuerdas vocales. Este sonido es amplificado por los resonadores, es decir las cavidades superiores a las cuerdas vocales:  la faringe, la nariz y la boca; ésta última es capaz de cambiar su forma y volumen mediante la lengua, los labios, el paladar y la mandíbula, para adaptarse al sonido emitido. Finalmente, el sonido es convertido en silabas por los articuladores, fundamentalmente los dientes y la lengua. A su vez este proceso requiere del control nervioso, especialmente del área de Brocca, una parte de la corteza cerebral encargada de coordinar los movimientos necesarios para producir el habla. Pero, para que la voz se vuelva lenguaje, necesita además la integridad no solo del sistema muscular, respiratorio y del habla; sino de otra área del cerebro llamada el área de Wernicke, que se encarga de la comprensión de las palabras; así como de otras regiones cerebrales que tienen que ver con la fluidez, la memoria, la lógica y el significado. (1)

No es extraño entonces, que los seres humanos seamos la única especie que podamos comunicarnos por medio del lenguaje oral.  Y digo comunicarnos porque si bien, hay aves que imitan el habla humana (loros, periquitos y gráculas) y se han descubierto muchos tipos de lenguaje animal (chimpancés, perros y delfines); nuestra especie es la única que logra comunicarse de una manera verbal tan compleja, con más de 7.000 idiomas diferentes, 88.000 términos tan solo en español (RAE) y el uso de 15.000 palabras cada día. (2)

Pero… ¿quién es realmente él que controla el lenguaje?  Y la pregunta es, porque la parashá de esta semana בָּלָ֖ק Balak [Nm 22:2-25:9] nos cuenta la historia de Balak, un rey Moabita que contrata al profeta Bil’am para maldecir a Israel, pero las cosas terminan saliendo fuera de control para Bil’am, pues cuando se dirige a hacer su trabajo -aunque el Eterno le había dicho inicialmente que no fuera-, su burra se desvía del camino y luego se niega a andar pues logra ver el ángel de Adonai que le obstaculizaba el paso y cuando es azotada por Bil’am termina hablando y discutiendo con él. Por si fuera poco, aunque Bil’am fue contratado para maldecir a Israel a cambio de honra y riquezas, en las cuatro ocasiones que lo intenta termina bendiciéndolo y además pronuncia una de las frases que hace parte de las bendiciones del judaísmo: ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus moradas, oh Israel! [Nm 24:5]. Y sí, ni las burras hablan normalmente y solo decimos lo que “nuestros deseos” quieren… ¿Quién es entonces realmente él que controla el lenguaje?

En el primer encuentro que tiene Moshé con el Eterno, en el desierto, está la respuesta a nuestra pregunta: «¿Y quién le puso la boca al hombre? —le respondió el Señor—. ¿Acaso no soy yo, el Señor, quien lo hace sordo o mudo, quien le da la vista o se la quita? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que has de hablar» [Ex 4:11-12].  Del mismo modo cuando Hashem llamó al profeta Jeremías, le dijo: «No digas: “Soy muy joven”, porque vas a ir adondequiera que yo te envíe, y vas a decir todo lo que yo te ordene…He puesto en tu boca mis palabras» [Jer 1:7-9].

El poder de Di-s para controlar el lenguaje se manifiesta muchas veces en su palabra. En Babel, cuando los hombres quisieron construir una torre para su gloría, Di-s confundió la lengua de tal modo que hablaron diferentes idiomas y tuvieron que dispersarse [Gn 11:4-9]. Al profeta Ezequiel hizo que la lengua se le pegara al paladar quedando mudo y luego le devolvió el habla [Ezq 33:22]. Algo parecido le paso al levita Zacarías en la Brit Hadasha (pacto renovado) pues, por no creer la promesa del embarazo milagroso de Elisheva, primero Di-s le quitó el habla [Lc 1:13-20] y luego el día en que su hijo Johannan iba a ser circuncidado, Zacarías recuperó la voz y comenzó a alabar al Eterno [Lc 1:59-64].

Si es Di-s quien controla la lengua, ¿Entonces de donde salen las malas palabras, el chisme, la hipocresía y las mentiras?… Yeshua enseña que estas cosas vienen del corazón del hombre [Mt 15:19]. Es más, aun cuando nuestras palabras parezcan bonitas, Di-s conoce la intención detrás de ellas, como se lo dijo al profeta Isaías “«Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más que un mandato enseñado por hombres” [Is 29:13]. Y es que aún la adoración y la alabanza pueden ser falsas si no provienen de un corazón conforme a la voluntad de Di-s.

El Rey David es el mejor ejemplo de lo que espera el Eterno de nuestro lenguaje: que proclame su alabanza [Sal 51:15]. De los 150 salmos compilados en la versión hebrea, 73 se atribuyen directamente al rey David en su introducción, y por medio de ellos logró un acercamiento a Di-s inigualable, de hecho, Hashem se refiere a él como un hombre כִּלְבָב֗וֹ kilbabou “como su propio corazón” [1 Sam 13:14].  Pero, si David cometió asesinato premeditado, adulterio, tuvo varias mujeres y cometió errores graves como padre – entre otros- ¿Por qué se le llama un hombre conforme al corazón de Di-s?

Probablemente en el salmo 51 esté la respuesta, pues el Rey David muestra una actitud correcta de teshuva -arrepentimiento-: reconoce sus transgresiones, la misericordia de Adonai y la necesidad de él para seguir adelante, confiesa que es de Di-s de quien proviene el poder para no pecar y poder mantenerse firme en obediencia. De los demás salmos, aprendemos además que es ante Di-s -y no ante los hombres- que debemos llevar nuestras angustias y que a pesar de las pruebas siempre habrá un motivo para alabarlo: ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! [Sal 42:5].

Las escrituras además nos enseñan que “nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal” [Stg 3:8] y que no hay nada más engañoso que el corazón del hombre [Jer 17:9]. Entonces ¿Cómo cambiar nuestro lenguaje y tener un corazón conforme a lo que Di-s quiere?

Solo Di-s puede hacerlo: purificar nuestro lenguaje y transformar nuestro corazón, como lo hizo con el profeta Jeremías cuando tuvo la visión del Eterno, y al confesar la impureza de sus labios, un serafín los purifico con una braza tomada del altar, al tiempo que le dijo: «Mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado, perdonado» [Jer 6:5-6]. Entablar una relación honesta con el Eterno, reconocer a Yeshua como nuestro redentor y estudiar la Torá son la brasa que puede purificar nuestros labios.

Para concluir recordemos las palabras de Yeshua, pues nos enseñó que «De la abundancia del corazón habla la boca. El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien, pero el que es malo, de su maldad saca el mal. Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará» [Lc 12:34-37].

¡Shavua tov!

Bibliografía

1. Dosal González R. Producción de la voz y el habla. La fonación. Casa de salud Valdecilla. 2014.

2. Mehl MR et al. Are Women Really More Talkative Than Men? Science 2007. Jul 6;317(5834):82.