Parasha de la semana

Vayetze

Génesis 28:10 - 32:2
Por : Rocio Delvalle Quevedo

 

UN MUNDO DE COLORES

¿Qué relación tienen las manchas de una cabra, con los puros rayos de la luz?

En la parashá ויצא Vayetzé (Y salió) que se estudia durante esta semana, se encuentra un relato, que ha llamado mi atención cada vez que he pasado por dicha porción, pero hasta ahora, no había tenido la oportunidad de sentarme a revisar, finalmente llegó el día. Siempre cautivó mi atención la narración de cómo aumentó el ganado de Yaakov, pero sobretodo, cuánto detalle hay en el texto sobre las características del pelaje de los animales, las combinaciones de sus colores, las propuestas que le hizo a Labán y más aún, las estrategias que usó para que los animales nacieran con las características de su conveniencia, que en un primer acercamiento parecieran un tanto esotéricas [Gen. 30:25-43]. Cómo otros, es un relato bastante rico, que probablemente no agotaremos en éstas líneas, pero que comenzaremos a desglosar y con el favor del Eterno encontraremos algunas riquezas.

En la quinta aliyá de la parashá [Gen. 30:32Yaakov le propone a Labán cuál sería el salario que recibiría por trabajar para él. En este verso hay una serie de palabras que dan detalles de las características de los animales que harían parte de su rebaño. Inicialmente encontramos la palabra צאן (Tzon, Strong H6629) que se traduce como rebaño, pequeño, ovino y caprino. En este mismo verso encontramos la palabra שה (Seh, Strong H7716), que se refiere a que Yaakov tomaría un miembro de ese rebaño de cabras y ovejas.

En adelante comienza a detallar los rasgos de pelaje (cobertura de pelos que recubre la epidermis de los mamíferos) que tendrían los animales seleccionados por él. En primer lugar, aparece נקד (Naqod, Strong H5348), que se puede traducir como moteado o marcado con puntos y el Strong hace la claridad que esta palabra se usa solo para hablar de esa característica en ovejas y cabras. Luego sigue טלא (Tala, Strong 2921), traducida como manchado. Y finalmente, la palabra חום (Jum, Strong H2345), que se puede traducir como de color oscuro o marrón.

Cuando pasamos al verso 35 [Gen. 30:35], nos encontramos ante un escenario algo confuso, que al parecer es el primer “engaño” o “cambio de sueldo” [Génesis 31:7] que Labán le hace a Yaakov, pues relata como todas las ovejas y cabras con las características que Yaakov había dicho serían su sueldo, son puestas en manos de los hijos de Labán. Bien, siguiendo el hilo conductor que llevamos, en este verso se retoman las características del verso 32, y se adicionan dos más עקד (Akod, Strong H6124) traducido como rayado y לבן (Laban, Strong H3836) que significa blanco.

Hasta este punto nos podemos dar cuenta que nos encontramos en un festival de colores, entre marrones oscuros, blancos y combinaciones de éstos entre rayados, manchados y moteados. Lo cual nos redirige a hablar un poco de los determinantes del color del pelaje en los animales domésticos. La explicación de lo anterior es atravesado por múltiples disciplinas que pasan por la física del color, la fisiología de la distribución de la melanina en el pelo de los animales, los determinantes de la herencia de los patrones de coloración en los animales, entre muchos otros. No abordaremos a profundidad el tema de la genética por esta vez, recordemos más bien algunos aspectos de la fisiología y la física.

Los físicos, a partir de la descomposición de la luz blanca por el prisma, definen el color como la ondulación de una sustancia imponderable, continua y sutil que penetra hasta los mismos intersticios moleculares, un concepto esencialmente dinámico. Éstas ondas microscópicas que se transmiten por todo el espacio de forma transversal, son diferentes en dimensión para cada uno de los colores percibidos por nuestra retina: 620 nm para el rojo claro, 512 nm para el verde y 475 nm para el azul. Los tres anteriores se conocen como colores fundamentales y tienen como una de sus más esenciales propiedades, la de producir, en diferentes combinaciones e intensidades, todos los colores de la naturaleza (Aparicio, 1994). Dicho de otra manera, del tipo de ondas y la cantidad de las mismas que una superficie refleja o absorbe dependerá el color con el que nuestra retina la percibe. Siendo blanco una superficie que refleja la totalidad de las ondas de la luz, y negro una superficie que las absorbe por completo.

Por otro lado, desde el punto de vista fisiológico, el pelo es la única formación cutánea que en los animales excita nuestra retina con la diversidad de sus coloraciones. En su interior reside el pigmento melánico o melanina. Física y químicamente considerada, la melanina es una sustancia nitrogenada con dos propiedades sumamente importantes para nuestro tema, se decolora gradualmente y absorbe las ondas luminosas, por lo que asume un colorido desde el negro al pardo o más o menos oscuro o rojizo (Íbid).

La cutícula del pelo, por su conformación permite, con mucha intensidad, la absorción de las ondas luminosas. La presencia de melanina en estado de saturación, conduce a la total absorción de las ondas luminosas, produciendo el color negro, o la anulación de todo color. Mientras la máxima degradación de la melanina conduce al color blanco, con el máximo reflejo de las ondas luminosas. La total ausencia de melanina conduce a lo que se conoce como albino. Los fenómenos bioquímicos que determinan la concentración del pigmento en mención, aunque son fluctuantes, son lo bastante constantes para dar lugar a la pigmentación, tonalidad o coloración. Dicha sustancia en concentraciones diversas y de tal modo ordenadas, producen la inmensa variedad de tonalidades que apreciamos en nuestros animales, y hasta la diversa tonalidad y coloración en diferentes partes del mismo filamento piloso (Íbid).

En síntesis, podemos ver cómo las características de las ovejas y las cabras, de pelaje oscuro, blanco, manchado, rayado y moteado, serían una respuesta de la luz sobre el pelaje de los animales con variaciones en la concentración y la distribución de la melanina. Es interesante que el nombre de uno de los protagonistas de esta historia sea Labán, que como vimos anteriormente significa blanco. Como dijimos, una superficie de este color refleja todo (completamente las ondas de la luz), en este sentido lo que habría pasado del verso 32 al verso 35, es que Labán “se la devolvió completa” a Yaakov, lo que el hijo de Yitzjak le había pedido, fue lo que Labán le terminó pidiendo.

También es interesante que se ve un juego entre el pleno reflejo de la luz (blanco) y la completa absorción de la misma (negro). En este orden de ideas, es curioso que siendo Labán el blanco, la interacción se daba con un hombre cuyo nombre יעקב (Yaakov, Strong H3290) que proviene de la palabra עקב (Akav, Strong 6117) significa suplantar, burlar, para contener, abarcar. Siendo que el negro es una superficie que absorbe (abarca, contiene) todas las ondas de la luz, y no refleja, Yaakov se ha conocido como el engañador, y hasta cierto punto el que encubre y se guarda las cosas. Pero como en el texto nos narra, hay ovejas moteadas, rayadas y manchadas, nadie es totalmente malo, ni totalmente bueno, totalmente cierto, ni totalmente falso, sino que vivimos las consecuencias de las acciones claras u oscuras que hacemos en la vida.

Hablar de la luz, su difracción, su absorción y reflejo, nos lleva a recordar lo que dijo Yeshúa, “Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a la luz” [Lucas 8:17]. Vivamos de una manera íntegra y transparente, para que cuando todo salga a la luz salgamos bien librados. En ese mismo espíritu y en el contexto de dar buen fruto, dice que una lámpara no se debe cubrir con una vasija o ponerla debajo de la cama, sino que se pone visible para que alumbre  a todos [Lucas 8:16]. Pero nosotros no alumbramos con luz propia, sino que somos llamados a reflejar la luz del Mesías, que seamos vaciados en nuestros corazones de todo estorbo y que nuestro corazón sea una superficie que se llene con la luz del Mesías, pero que no la retenga, sino que tenga las propiedades para reflejarla completamente y con amor compartir a otros.

Finalmente, es sumamente particular que siguiendo a los dos versículos anteriores, continúa diciendo que a todo el que tiene, se le dará más; y a todo el que no tiene le será quitado [Lucas 8:18]. Esto parecería no tener nada que ver con lo que se viene hablando de la luz, pero cuando volvemos a ver la parashá de la que partimos, recordamos que lo que se estaba definiendo era el salario de Yaakov. Y sólo cuando todo salió a la luz él pudo irse con su familia y disfrutar del fruto de su trabajo [Gen. 30:43]. Llenémonos pues, de la luz del Mesías y tengamos mucho fruto en Yeshúa, y así Él se ocupará de darnos un salario de bendición y una retribución conforme a su generosa mano.

 

Referencias
Aparicio-Sánchez, G. (1994). Herencia de Color en Zootecnia V (9-10), 78-99. Facultad de Veterinaria de Córdoba.

https://helvia.uco.es/xmlui/handle/10396/5755.